La historia que en un inicio se instaló como un caso de defensa propia comienza a desmoronarse. El relato de un supuesto asalto frustrado —donde un padre y sus hijos adolescentes terminaron con la vida de un hombre— hoy enfrenta serios cuestionamientos tras la irrupción de la familia del fallecido, que apunta derechamente a un encubrimiento.
El tío de la víctima salió al paso de la versión policial y mediática, asegurando que su sobrino no era el delincuente que se ha intentado instalar. Según su testimonio, el hombre de 27 años no portaba armas ni tenía antecedentes, desmintiendo uno de los pilares del relato inicial. Incluso afirmó que las pericias apuntan a que el fallecido no llevaba dinero ni elementos para cometer un ilícito, lo que abre una grieta incómoda en la tesis del robo.
Caso del “delincuente” muerto da giro
Pero el golpe más duro a la narrativa original viene desde los propios vecinos. Testigos aseguran que la escena fue distinta a la descrita: el supuesto asalto dentro del vehículo se transforma en un episodio confuso, donde incluso uno de los hijos —menor de edad— habría estado conduciendo el auto. Además, se habla de más personas al interior del vehículo de las que inicialmente se informó, lo que complica aún más la reconstrucción de los hechos.
En ese contexto, la acusación del tío no es menor: habla de un “encubrimiento” y sugiere que se estaría intentando justificar una agresión que terminó en muerte. La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿se trató realmente de legítima defensa o de una reacción desproporcionada que ahora busca ser maquillada?
Mientras la investigación sigue en curso, el caso ya dejó de ser un simple hecho policial para transformarse en un potencial punto de quiebre. Porque cuando las versiones se contradicen y los testigos abren nuevas aristas, lo que parecía claro empieza a tambalear. Y en ese terreno, la verdad —como suele pasar— se vuelve mucho más difícil de sostener.
