Lo que debía ser una visita institucional a una de las zonas más devastadas por los incendios forestales en la Región del Bío Bío terminó siendo un duro reflejo de la frustración que se vive en terreno. Durante su recorrido por Punta de Parra, comuna de Tomé, el presidente Gabriel Boric fue recibido no solo con abrazos y gestos de apoyo, sino también con gritos, insultos y un coro de rechazo por parte de un grupo de damnificados que no ocultó su molestia ante lo que consideran una respuesta insuficiente del Estado frente a la catástrofe.
Entre los improperios que se viralizaron en un registro difundido por Radio Aguamarina, se escucharon frases como “¡Ándate!”, “¡Fuera, fuera!” y, especialmente simbólico para muchos, el grito “¡Nunca has agarrado una pala!”, dirigido directamente al mandatario como una acusación de desconexión con el sufrimiento en terreno y la falta de acción concreta.
En la voz de los residentes, ese clamor resume una sensación de abandono por parte de las autoridades, una percepción que se ha ido acumulando con días de incertidumbre e insuficiente apoyo tangible bajo las llamas.
La visita de Boric, que también incluyó pasos por Penco y Lirquén, se enmarca en una agenda de coordinación entre el Gobierno y el equipo del presidente electo José Antonio Kast para articular una respuesta a mediano plazo frente al desastre, que ha dejado decenas de fallecidos, miles de evacuados y destrucción generalizada de viviendas e infraestructura.
“Nunca has agarrado una pala”
En sus intervenciones públicas, el jefe de Estado ha destacado medidas como la aplicación de la Ficha Básica de Emergencia (FIBE) y bonos de recuperación que fluctúan entre $750.000 y $1.500.000 para damnificados; sin embargo, para muchos vecinos esas iniciativas han llegado “tarde y a medias”.
El episodio de Punta de Parra no solo expresa una crítica particular a Boric, sino que también revela el agotamiento social y la erosión de confianza en las instituciones ante una crisis que ha mostrado limitaciones logísticas y comunicacionales en su manejo.
Para quienes gritaron, la escena no era una confrontación casual, sino una descarga emocional acumulada durante días de evacuaciones, pérdidas materiales y ausencia de respuestas concretas más allá de anuncios oficiales.
En paralelo, autoridades han insistido en que todos los recursos del Estado han sido movilizados y que la coordinación con la próxima administración es clave para enfrentar las consecuencias del desastre, en un intento por presentar un frente unido y operativo ante la opinión pública.
Sin embargo, la detonación pública de molestia en Punta de Parra es un recordatorio nítido de que, cuando las políticas no se traducen en resultados perceptibles en terreno, la indignación ciudadana puede manifestarse con crudeza, incluso frente a quien ocupa el mayor cargo del Ejecutivo.
Este cruce entre la devastación real y la reacción popular marca un momento crítico: no es solo una visita presidencial más, sino una crisis de expectativas donde la frustración colectiva se topa con la gestión del desastre en vivo y en directo.
Y en medio de la tragedia ambiental que ha consumido miles de hectáreas y arrebatado vidas, ese grito —“nunca has agarrado una pala”— resuena como una crítica que va más allá de lo simbólico para plantearse como una demanda urgente por acciones más tangibles y sensibles desde el Estado mismo.
