La búsqueda de Carlos Aquea Álvarez, de 46 años, entró en una etapa especialmente inquietante. El experimentado pescador submarino desapareció el sábado 26 de septiembre tras ingresar al mar en el sector de Caleta Chañaral de Aceituno, en la comuna de Freirina, y hasta ahora no existe información que permita establecer con certeza qué ocurrió con él. Aquea, oriundo de Coquimbo y con cerca de tres décadas de experiencia en el buceo, salió a realizar una actividad que conocía profundamente, pero nunca regresó.
En medio del operativo, equipos de búsqueda encontraron aletas, parte de un traje de buceo y un arpón, elementos que podrían pertenecer al hombre desaparecido. El estado de algunos de estos objetos fue lo que abrió una de las hipótesis más inquietantes: una eventual interacción con un tiburón. El gobernador marítimo de Caldera, capitán Cristián González, fue enfático en mantener abiertas las posibilidades: “En cuanto a las causas, no descartamos ninguna hipótesis. Sin embargo, como autoridad marítima, nos mantenemos enfocados en la búsqueda”.
La hipótesis tomó fuerza luego del análisis preliminar realizado por el biólogo marino e investigador de la Universidad de La Serena Cristián Araya-Jaime. El especialista explicó que las aletas presentan marcas que podrían ser compatibles con una interacción con tiburones. “Existe evidencia parcial asociada a los restos de equipamiento que han encontrado de este pescador, específicamente aletas que tienen marcas muy particulares, que uno podría pensar que lamentablemente esto se debió a un incidente con tiburones”, señaló.
Buzo desaparecido en Atacama
Pero el caso está lejos de tener una respuesta definitiva. Otra especialista consultada por medios regionales planteó una interpretación diferente a partir de las imágenes disponibles. Neiti Morales, bióloga marina e investigadora de ESMOI e IFOP, sostuvo que las marcas observadas no le parecen propias de un tiburón blanco o un tiburón mako. Según explicó, estas especies suelen dejar patrones de mordida más reconocibles debido a la disposición de sus dientes. “No me parece que sea de blanco o de Mako”, afirmó, agregando que esperaría encontrar una línea de puntos más seguida en caso de una mordedura de este tipo.
El contraste entre ambas apreciaciones deja una conclusión clara: la hipótesis del tiburón existe, pero todavía no es una explicación confirmada de la desaparición. De hecho, otro biólogo marino, Cristian Araya, explicó que en Chile existen numerosas especies de tiburones y que los incidentes con seres humanos son poco frecuentes. Según sus antecedentes, durante los últimos 90 años se han registrado oficialmente ocho ataques de tiburón a personas en el país.
Mientras las especulaciones crecen, la prioridad de la Armada continúa siendo encontrar a Aquea. El operativo se desarrolla por mar, tierra y aire, con participación de personal de la Gobernación Marítima de Caldera, Capitanía de Puerto de Huasco, GOPE de Carabineros, Bomberos, pescadores y buzos locales, además de medios aéreos y equipos especializados de búsqueda submarina. La Fiscalía también ordenó diligencias y peritajes sobre los elementos encontrados para establecer si efectivamente pertenecen al desaparecido.
El misterio, por ahora, permanece abierto. Las pertenencias encontradas son una pieza relevante del rompecabezas, pero no permiten por sí solas reconstruir lo ocurrido ni confirmar un ataque de tiburón. Mientras los peritajes buscan entregar respuestas, familiares y equipos de emergencia continúan esperando el hallazgo que permita saber qué pasó con uno de los buzos más experimentados de la zona.





