el fin del financiamiento para el programa “Yo elijo mi PC”. La contradicción es evidente: hace cinco años, cuando buscaba por segunda vez llegar a La Moneda, el entonces candidato planteaba justamente ampliar de manera significativa la entrega de computadores y conexión a internet a los escolares de la educación pública.
El 25 de febrero de 2021, Kast publicó en sus redes sociales una propuesta que hoy vuelve a cobrar protagonismo. Su idea era entregar “un computador con acceso a internet para cada niño que estudia en la educación pública en Chile”, argumentando que la tecnología era una herramienta fundamental para reducir las brechas educativas y preparar a los estudiantes para las capacidades del siglo XXI.
Pero Kast sabía que la propuesta tenía un costo. Y, lejos de esconderlo, lo reconocía. “¿Es cara? Por supuesto. Implica una inversión importante de recursos estatales, pero valen la pena”, sostuvo entonces. El candidato proponía tablets para los alumnos más pequeños y notebooks desde segundo o tercero básico, además de capacitación, herramientas de control y apoyo tecnológico para profesores.
El cierre de aquel planteamiento fue todavía más categórico: “Raya para la suma: podemos dar un salto gigantesco en educación para todos los chilenos. Vale la pena gastar en educación”. Esa frase es precisamente la que hoy vuelve como un boomerang político, después de que el Ejecutivo decidiera no contemplar recursos para mantener “Yo elijo mi PC” durante 2027.
Kast y la promesa del computador para cada niño
La magnitud del cambio tampoco es menor. Durante 2026, el programa benefició a 96.100 estudiantes de séptimo básico, con una inversión cercana a los $35 mil millones, incluyendo computadores, software educativo, herramientas de accesibilidad y conexión móvil a internet durante un año. De mantenerse el proyecto presupuestario tal como fue presentado, 2027 sería el primer año desde la creación del programa en 2009 en que no se realizaría esta entrega.
Desde La Moneda, sin embargo, la explicación apunta en otra dirección. El Gobierno sostiene que el programa presenta una evaluación deficiente y que no habría demostrado efectos relevantes en el aprendizaje. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, lo calificó como un programa “mal evaluado”, mientras que el Ejecutivo ha defendido que el Presupuesto 2027 busca concentrar los recursos en iniciativas que demuestren resultados.
El problema político para Kast es que la discusión no comenzó con sus críticos. La frase que hoy le recuerdan salió de su propia boca. En 2021 defendía que el Estado hiciera un esfuerzo para llegar a todos los estudiantes y consideraba que el gasto era justificable. Cinco años después, su administración sostiene que el programa que materializaba parcialmente esa política debe ser eliminado del presupuesto.
El giro que ahora le recuerdan desde su propio discurso
La decisión, además, no ha generado cuestionamientos únicamente desde la oposición. Sectores de Chile Vamos también han pedido reconsiderar la medida, mientras distintas figuras políticas han apuntado a la distancia entre el discurso presidencial de campaña y la actual decisión presupuestaria. El proyecto todavía debe ser discutido en el Congreso, por lo que el destino definitivo del programa aún puede cambiar.
Y ahí está el verdadero punto de esta historia: una promesa que en 2021 era presentada como una inversión necesaria para cerrar brechas digitales hoy choca frontalmente con un Gobierno que busca recortar o terminar ese mismo mecanismo de entrega. La discusión no es solamente cuánto cuesta un computador. Es cuánto vale una promesa cuando cambian las circunstancias, las prioridades y, sobre todo, cuando quien la formuló ahora tiene la responsabilidad de decidir dónde se gasta el dinero público.






