El regreso de José Antonio Neme al matinal Mucho Gusto estuvo lejos de ser tranquilo. En medio de la cobertura del aluvión que golpeó a Las Condes, el periodista protagonizó un duro momento en pantalla luego de conocer una frase que circulaba sobre la tragedia y que atribuía una supuesta diferencia de impacto a la condición económica de quienes viven en el sector.
Lejos de quedarse únicamente con las imágenes de vehículos arrastrados, calles cubiertas de barro y pasajeros de una micro obligados a buscar refugio, Neme llamó a mirar más allá de la viralización del desastre. “Ojalá esto no quede como una secuencia viral. Somos buenos para viralizar en Chile. Mañana aparece un viral nuevo y nos olvidamos del día anterior”, planteó, cuestionando que la discusión pública se agote cuando desaparecen las imágenes impactantes.
El comunicador también puso sobre la mesa una interrogante incómoda respecto de cómo se construye en zonas expuestas a riesgos naturales. “A la luz del diseño y de la geografía… ¿Uno debería tener ahí una clínica o un colegio? Porque si no planificamos, esto nos va a pasar de aquí a la eternidad”, advirtió. Su reflexión apuntó a un debate que suele quedar relegado hasta que ocurre una emergencia: qué medidas se toman antes de que el agua y el barro conviertan calles y viviendas en zonas de peligro.
Neme estalla en vivo tras polémicos comentarios
La polémica subió de tono cuando Karen Doggenweiler mencionó los comentarios que apuntaban al carácter acomodado del sector afectado. “Ayer además uno escuchaba ‘son sectores acomodados’, pero las tragedias no distinguen sectores sociales”, sostuvo la animadora. Luego recordó que por esas zonas también transitan diariamente trabajadores y trabajadoras, quienes pueden quedar expuestos a la misma emergencia.
La respuesta de Neme fue inmediata y sin matices. “Plantearlo con un sesgo de clase es una estupidez, es una gran estupidez. ¡El que lo dijo es un tarado!”, lanzó en pantalla, visiblemente molesto. Su reacción puso el foco en el riesgo de convertir una tragedia en una disputa entre grupos sociales, en vez de discutir las condiciones que permitieron que el aluvión provocara semejante destrucción.
El episodio también abrió espacio para una crítica más amplia: Chile suele reaccionar con indignación frente a las catástrofes, pero no siempre mantiene la atención sobre las decisiones urbanísticas, las obras preventivas y la preparación de las ciudades. En el caso de Las Condes, la emergencia dejó imágenes de gran impacto, pero también preguntas sobre el comportamiento de las quebradas, la infraestructura y la exposición de quienes viven o trabajan en sectores vulnerables a flujos de agua y sedimentos.
La discusión planteada por Neme va más allá de quién pronunció el comentario que desató su enojo. Cuando una emergencia golpea a una comunidad, el nivel de ingresos de sus habitantes no debería ser el criterio para medir la gravedad de lo ocurrido ni para decidir quién merece solidaridad. La pregunta de fondo es otra: qué se hizo para prevenir el desastre y qué debe cambiar para evitar que una nueva lluvia intensa vuelva a poner vidas en peligro.





