La tragedia que terminó con la vida del sargento segundo Jaime Ariel Urrea Burgos comienza a tomar forma a partir de nuevos testimonios. Uno de los más relevantes es el del hijo de Mauricio Cerda Albornoz, hombre de 58 años que permanece detenido e imputado por la muerte del funcionario policial ocurrida en Quilleco, Región del Biobío. El joven estaba en el domicilio junto a su hijo de apenas un año cuando se desarrolló el procedimiento por violencia intrafamiliar.
Según relató en conversación con T13, fue él quien realizó el segundo llamado a Carabineros después de que la situación dentro de la vivienda volviera a escalar. El joven aseguró que decidió alejarse hacia la parte posterior de la casa para comunicarse con los funcionarios sin que su padre lo escuchara y así evitar que aumentara su nivel de alteración.
“Fui a la parte de atrás de la casa para llamar a Carabineros nuevamente, más tranquilo, para que no me escuchara y no se alterara”, relató. Pero lo más inquietante vino después: de acuerdo con su testimonio, su padre habría amenazado a la familia ante la posibilidad de que los uniformados regresaran. “Estuvo todo el tiempo diciendo que íbamos a ver qué iba a pasar si llamábamos a Carabineros, que él no estaba ni ahí y si quería los mataba”, afirmó.
La patrulla finalmente volvió al domicilio. El joven contó que hizo ingresar a los funcionarios y que estos se dirigieron hasta la habitación donde permanecía encerrado su padre. La escena, según su relato, inicialmente no parecía anticipar el desenlace: los policías golpearon la puerta y el hombre respondió que saldría de inmediato.
Pero, siempre según esta versión, detrás de esa aparente calma se estaba preparando el ataque. “Lo que hizo mi papá dentro de la pieza fue tomar la escopeta, agarrar una caja de cartuchos que tenía y rajó la caja encima de la casa, quedaron todos los cartuchos encima de la cama y cargó la escopeta”, sostuvo el hijo del imputado.
“Abrió la puerta y apuntó”
El momento decisivo habría ocurrido apenas se abrió la puerta del dormitorio. El joven aseguró que previamente había advertido a los funcionarios que su padre tenía un cuchillo y una escopeta, información que llevó al sargento Urrea a desenfundar su arma de servicio como parte del procedimiento.
La descripción del testigo es contundente: “Abrió la puerta y apuntó, se demoró como dos o tres segundos en apuntar. Carabineros, en ningún momento disparó primero, ellos le dieron la advertencia que bajara el arma y después de eso, mi papá pega el tiro”. El disparo alcanzó al sargento Urrea en el cuello y, pese a las maniobras de auxilio y su traslado para recibir atención médica, el funcionario falleció.
La declaración del hijo adquiere especial relevancia porque aporta una mirada desde el interior de la vivienda y permite reconstruir los segundos previos al disparo. Sin embargo, su testimonio es una pieza de la investigación y no reemplaza los peritajes ni la determinación judicial de lo ocurrido. La Fiscalía continúa reuniendo antecedentes para establecer con precisión la dinámica del procedimiento y las responsabilidades penales.
El fiscal regional del Biobío, Roberto Garrido, ya había señalado que los antecedentes preliminares apuntaban a que los funcionarios fueron informados de que había un hombre armado dentro de una habitación y que, al aproximarse a la puerta, este la abrió y disparó contra el sargento. La lesión en el cuello provocó la muerte del funcionario minutos más tarde.
Un procedimiento que terminó en tragedia
El caso comenzó con una denuncia por violencia intrafamiliar y tuvo dos intervenciones policiales durante esa noche. En el segundo procedimiento, la situación cambió radicalmente después de que se informara que el hombre permanecía encerrado y armado. Jaime Urrea, quien llevaba 18 años en Carabineros y pertenecía al Retén Canteras, terminó convirtiéndose en el nuevo mártir de la institución.
Mauricio Cerda permanece detenido. El Juzgado de Garantía de Los Ángeles amplió su detención por 72 horas a solicitud de la Fiscalía, quedando fijada para el jueves 8 de octubre la audiencia de formalización. Entre las diligencias pendientes están los peritajes relacionados con el arma utilizada y otros antecedentes destinados a reconstruir completamente el crimen.
Y mientras la investigación avanza, el relato del hijo deja una de las imágenes más duras de esta tragedia: un grupo de carabineros llegó nuevamente a una vivienda para controlar una situación de violencia y, apenas unos segundos después de abrirse una puerta, uno de ellos recibió un disparo mortal. El resto tendrá que determinarlo la justicia.





