«Sí, jugaba a un nivel superior y tenía a Chamaco Valdés, mi mayor ídolo».
«El de Mirko Jozic, quizás era más cercano a la modernidad, pero no ganó fuera de Chile. Pero era un equipazo con Morón, Garrido, Pizarro, Barti y Martínez. En cambio, el de 1973, triunfó en el Maracaná. Era fantástico».
«Ni le cuento cómo lo viví. No le ganábamos a nadie. Me acuerdo de que, cuando nos ganó La Serena en el Monumental, en plena pandemia y sin público, los directivos nos quedamos sentados una hora sin saber qué decir. Era algo que se veía venir. Las cosas no se estaban haciendo bien y podía pasar lo que pasó».
«Nos fuimos a vivir a Chile Chico, donde mi papá era empleado público. Él se fue de asignación de zona a ese pueblo para tener mejor ingreso económico. Así, nos fuimos con él mi mamá y mis hermanos a una vida completamente nueva, desconectados del Mundo».
«De hecho, el Mundial de 1962 ni siquiera fue seguido por nosotros, pero sí encendió una llamita en mí; escuché de un gol a los soviéticos que fue muy famoso y le pregunté a mi papá de qué se trataba. Me dijo que era un partido de fútbol y que se estaba jugando un Mundial en Chile. Eso me quedó dando vueltas»
«Para nada, mi papá había sido remero, incluso a nivel sudamericano, y le cargaba el fútbol. Decía que se preocupaban solo de la plata. De todas maneras, como empecé a escuchar partidos por radio y me hice colocolino, la primera vez que fui a un estadio a ver a Colo Colo, él me acompañó».















