El exchico reality y escritor Álvaro Ballero volvió al centro de la farándula digital chilena esta semana tras compartir fotografías junto a una mujer con la que fue visto en actitud afectuosa, lo que desató una ola de comentarios, juicios e incluso ataques personales en redes sociales. Frente a ello, el mediático no se quedó callado y ofreció un descargo que revela más tensión que aceptación en su proceso de reinvención tras su separación de Ludmila Ksenofontova.
Las imágenes que encendieron la polémica lo muestran elegante, acompañado de una mujer desconocida con quien compartió risas y proximidad durante un matrimonio, e incluso fueron interpretadas por algunos usuarios como señales de un nuevo romance, tras un prolongado duelo público por el quiebre de su matrimonio de 17 años y la crianza de cuatro hijos.
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Álvaro Ballero responde a críticas
Ballero no solo reconoció que ha recibido “muchos ataques en redes sociales”, sino que fue categórico en rechazar críticas que consideró superficiales y malintencionadas. Entre los comentarios que respondió con firmeza está la insinuación de que tendría actitudes contradictorias por acompañar a su ex en su cumpleaños y, al mismo tiempo, mostrarse afectuoso con otra mujer; a ello replicó que “aunque estemos separados, hay cariño” y que la convivencia emocional con su ex no impide que él busque bienestar personal, también en compañía de otra persona.
Pero hay un punto de su respuesta que adquirió un tono notablemente más serio y directo: Ballero afirmó que su ex pareja ya habría rehecho su vida en pareja “hace meses”, algo que, según dijo, recién se enteró hace un par de semanas y que —a su juicio— le permitió pasar página y “permitirse volver a intentar sonreír y ser feliz, para mis hijos y por mí”.
La frase dejó una lectura editorial clara: no hay espacio para la victimización ni para que los seguidores dicten reglas sobre su vida afectiva. Mientras algunos internautas lo criticaban por moverse rápido tras manifestar dolor en programas como Primer Plano, otros lo defendieron señalando que la vida no se detiene por el escrutinio digital. El propio Ballero acusó a quienes especulan sobre su estado emocional de proyectar “superficialidad” sobre una situación que, en realidad, —dijo— ha sido un camino de sanación y reconstrucción personal.
Este capítulo pone de manifiesto la tensión entre esfera pública y privada en figuras mediáticas que, tras rupturas altamente expuestas, enfrentan desde comentarios benevolentes hasta juicios implacables sobre qué, cómo y cuándo deben rehacer su vida. En el caso de Ballero, su respuesta no solo fue un repudio a la crítica fácil, sino también una declaración de autonomía emocional en una arena digital que poco perdona matices.














