La actriz Begoña Basauri salió públicamente a relatar una pesadilla que pudiera parecer sacada de una película, pero que en Chile es cada vez más una realidad inquietante: fue blanco de una banda de estafadores que la amenazó con sicarios y la coaccionó telefónicamente para intentar sacarle dinero. La denuncia de la artista —como la de su colega Amparo Noguera— expone una modalidad delictual que mezcla extorsión, violencia psicológica y operativos desde cárceles que han dejado en evidencia fallas de prevención y la necesidad urgente de mejores mecanismos de protección ciudadana.
Según relató Basauri, los mensajes comenzaron como llamadas y textos de números desconocidos, hasta que uno de ellos, tras ser respondido por un amigo, “se puso serio y directo”: le dijeron a la actriz que “van sicarios a tu casa y van a matarte”, explicitando su nombre para generar temor.
Begoña Basauri rompe el silencio
Ese escalamiento rápido de hostigamientos, combinando amenazas y advertencias, es exactamente la misma estrategia que ya sufrió Noguera en un ardid que le costó a la intérprete cerca de 700 millones de pesos.
El modus operandi de estos estafadores, tal como detalló Basauri, no es inocente. Tras sembrar miedo con supuestas agresiones externas, los delincuentes alternaban mensajes intimidatorios con otros donde se hacían pasar por integrantes de la PDI o “policías buenos”, intentando —según explicó la actriz— ganar confianza para luego pedir un pago que ‘detuviera’ a los sicarios enviados.
En su caso, aunque no llegó a perder dinero, le solicitaron que depositara 60 millones de pesos en una cuenta que ellos facilitaron, antes de que la actriz optara por denunciarlo formalmente ante la Policía de Investigaciones (PDI) y bloquear los números involucrados.
Este fenómeno ha encendido las alarmas en el entorno de figuras públicas y ciudadanos comunes por igual. La PDI ya detuvo a siete integrantes de la banda que estafó a Noguera, incluyendo personas operando desde el penal de Huachalalume, evidenciando que la estructura no es un simple grupo de oportunistas, sino una red más compleja con tentáculos desde el sistema penitenciario.
Lo que el testimonio de Basauri desnuda es una realidad cruda: las víctimas no solo enfrentan el intento de fraude económico, sino un ejercicio intimidatorio que puede escalar a amenazas de violencia física real. En un contexto donde los delitos tecnológicos y de chantaje han aumentado de forma explosiva en los últimos años —con registros de casos de extorsión violenta que han crecido sostenidamente— la experiencia de la actriz pone en evidencia las grietas en la protección preventiva y en la sensibilización de la ciudadanía ante estas nuevas formas de criminalidad.















