La controversia que agrupa a la influencer Carmen Tuitera y el futbolista Guillermo Maripán se intensificó en las últimas horas, y no por un nuevo gol, sino por una batalla mediática que amenaza con arrastrar reputaciones por el barro. En respuesta a la demanda civil por $200 millones que el seleccionado chileno le interpuso por supuesto hostigamiento, Tuitera decidió sacar sus propias cartas: filtró mensajes privados que, afirma, Maripán nunca presentó en la demanda y que, según ella, demostrarían una relación sentimental mucho más profunda de lo que él ha querido mostrar.
La creadora de contenido, conocida por su forma frontal de comunicarse con su audiencia, publicó en redes varios pantallazos y extractos de conversaciones privadas con el defensa —incluyendo frases como “No te voy a olvidar” y “¿podré vivir sin ti?”— que, en su opinión, revelan una dinámica afectiva constante y recíproca que se desarrolló por semanas. Tuitera sostiene que estos intercambios refutan la tesis de un vínculo unilateral o de hostigamiento persistente y apuntan más bien a una relación voluntaria y emocional entre ambos.
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El choque de versiones no es menor: mientras Maripán, según la demanda, ha planteado que la interacción con Tuitera fue problemática y perjudicial para su imagen, ella ha ido por la vereda opuesta, describiendo lo ocurrido como una conexión sentimental “intensa y recíproca” que fue tergiversada en los documentos legales. Tuitera ha señalado que la acción judicial estaría construida de forma parcial e incluso influenciada por terceros cercanos al futbolista, a quienes acusa de intentar dar una impresión sesgada de los hechos.
Más allá del drama digital, esta disputa ha encendido una discusión más amplia en redes sociales y medios: ¿Dónde está el límite entre una relación privada y un conflicto público que se ventila con demandas millonarias y filtraciones de chats?
Para Tuitera, exponer estas conversaciones no solo es una táctica de defensa, sino una forma de reivindicar su narrativa frente a lo que ella percibe como una campaña para desacreditarla. Su postura ha generado reacción tanto de apoyo como de crítica, reflejando la polarización que suelen provocar estos casos cuando involucran a figuras influyentes y a deportistas de alto perfil.
Mientras los tribunales analizan las pruebas y los seguidores de ambos bandos se encienden en redes, lo que queda claro es que este conflicto no será resuelto únicamente con argumentos legales, sino con la percepción pública, un terreno en el que cada filtración y cada declaración puede inclinar la balanza.















