En el siempre inflamable ecosistema de la farándula chilena, bastó un anuncio televisivo para que Marcelo “Chino” Ríos volviera a encender la pradera. El extenista número uno del mundo reaccionó con furia tras enterarse del ingreso de su exesposa, Paula Pavic, a un reality show, dejando en evidencia que las tensiones personales están lejos de disiparse… y que la pantalla chica ahora será el nuevo campo de batalla.
Según trascendió, la noticia no le cayó nada bien al exdeportista, quien habría manifestado su molestia de forma directa y sin filtros. Fiel a su estilo confrontacional, Ríos no solo cuestionó la decisión, sino que además lanzó una advertencia que sonó más a amenaza que a simple descargo, asegurando que ya había tomado contacto con gente del canal involucrado.
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El tono de sus palabras, lejos de la diplomacia, reflejó incomodidad y enojo. El extenista dejó entrever que la participación de Pavic en el encierro televisivo podría exponer aspectos de su vida privada, un terreno que históricamente ha intentado mantener —al menos públicamente— bajo control. Sin embargo, la lógica del reality promete exactamente lo contrario: cámaras 24/7, confesiones y conflictos amplificados.
Desde el entorno televisivo, en tanto, el fichaje de Pavic se interpreta como un golpe de efecto. Su vínculo con Ríos, sumado al historial mediático de ambos, la convierte en un personaje atractivo para la narrativa del programa. En otras palabras: rating asegurado, polémica garantizada.
Así, lo que comenzó como un anuncio de casting terminó mutando en un nuevo capítulo del interminable culebrón entre el “Chino” y su expareja. Porque cuando la farándula mezcla cuentas pendientes, exposición extrema y egos heridos, el resultado suele ser uno solo: espectáculo… y del más incendiario.














