La uruguaya Claudia Schimdt volvió a encender los micrófonos y sofocar agendas ajenas con una confesión que desbordó el guion de cualquier farándula tradicional. En un nuevo episodio del podcast televisivo Seré Weón?, la opinóloga no sólo rememoró su vínculo con figuras del espectáculo chileno, sino que se lanzó con una declaración que pone en jaque el tabú sobre la sexualidad masculina y femenina en el mundo del entretenimiento.
Con la naturalidad de quien ya ha roto varios techos de la prudencia mediática, Schimdt repasó episodios de su vida amorosa con nombres propios —desde Benjamín Vicuña hasta Juan “Chispa” Lacassie— antes de soltar una frase directa al centro del debate: “a todos los hombres que han estado conmigo les gusta…” un aspecto de la vida íntima que ella considera universal entre los hombres. La frase, recogida en varios portales de farándula, no sólo descolocó al panel, sino que encendió las redes por su tono desafiante, transgresor y, para algunos, políticamente incorrecto.
Claudia Schimdt EXPLOTA en TV
La conversación, lejos de ser un paseo superficial por anécdotas de juventud, devolvió a la palestra uno de los mayores tabúes en la cultura contemporánea: el rol del placer, el deseo y la expectativa masculina en torno al sexo. Schimdt no se detuvo en detalles técnicos, pero su insistencia en que “no hay hombre a quien no le guste” abrió una brecha entre la comedia y un cuestionamiento más serio sobre estereotipos, consentimiento y la construcción social del placer en los géneros, temas que rara vez se escuchan sin filtros en programas de entretenimiento.
No es la primera vez que la figura de pantalla se sitúa en el epicentro de la polémica. Sus referencias abiertas sobre Vicuña, incluso destacándolo como un hombre con “adicta pasión” y energía sexual inagotable, reabrieron conversaciones sobre la vida íntima de figuras públicas y la frontera entre lo personal y lo mediático. Este episodio, más aún, coloca a Schimdt como protagonista de un debate que, aunque se escuda en el humor y la liviandad, toca fibras sensibles sobre cómo se habla —o se evade hablar— de sexo, deseo y poder en Chile.
Mientras algunos críticos se ríen de la osadía y otros alaban su sinceridad brutal, lo cierto es que la revelación de Schimdt ya no es sólo un comentario picante más de farándula: es un espejo incómodo para una sociedad que afirma debatir sobre igualdad y consentimiento, pero aún tropieza con la sexualidad como si fuera territorio prohibido. El ruido está hecho… y en la farándula nadie ya quiere quedarse callado.















