A solo días de subir al escenario del Festival de Las Condes, uno de los eventos veraniegos más esperados del entretenimiento nacional, el actor y animador Cristián Riquelme enfrenta un problema que va más allá de los nervios típicos del showbiz: una inesperada dolencia física que amenaza con complicar su participación en el certamen.
Riquelme, quien comparte la conducción del evento con Diana Bolocco, explicó con honestidad brutal que se enfermó a dos días de la primera jornada del festival, justo cuando más afinaba detalles de guiones, pauta y hasta una dieta estricta para controlar su presencia televisiva. “Tuve muy mala suerte”, admitió el animador, desdramatizando la situación aunque reconociendo que lo ocurrido —un resfriado con fiebre a tan pocos días de la transmisión— ha sido un golpe inesperado.
La revelación de Riquelme golpea una narrativa que suele ser suavizada en los medios: el espectáculo exige planificación, pero también resistencia física y emocional. A diferencia de otros animadores que esquivan hablar de tropiezos, él lo asume como parte del oficio.
Cristián Riquelme enfrenta “mala suerte”
Ante los rumores de que su estado podría afectar la calidad de su conducción, el actor aseguró que “por lo general no se enferma nunca” y que su vida sana y rutina deportiva hacen más frustrante este traspié.
Pero hay algo más profundo que lo que muchos llaman simple “mala suerte”. El Festival de Las Condes, que este año se realizará el viernes 30 y sábado 31 de enero en el Parque Padre Hurtado, no es un evento menor para Riquelme: lo coloca en el centro de la pantalla, frente a miles de televidentes por Chilevisión, con una parrilla de artistas que incluye nombres internacionales y locales y la mirada atenta del público.
Además, su enfoque en la solidaridad del evento hacia las regiones afectadas por los incendios en Biobío y Ñuble revela que el Festival ya no es solo música y espectáculo, sino también una vitrina para causas sociales que obliga a los animadores a asumir responsabilidades más allá de la entretención. Riquelme resaltó que el certamen no quedará ajeno a la contingencia nacional, lo que le añade presión al rol de host y portavoz.
En medio de este escenario, su relación laboral y personal con Bolocco se convierte en un factor clave. Riquelme no solo la elogia como profesional —“muy amable, con poco ego y poca vanidad”— sino que también expresa que estará “apoyándola” ante el momento difícil que ella atraviesa tras la pérdida de su madre, lo que aporta una dimensión humana y colaborativa que contrasta con el espectáculo superficial que muchos esperan de los eventos de farándula.
El festival, consolidado como uno de los momentos televisivos más relevantes del verano, ha demostrado históricamente que puede atraer audiencias masivas y marca un hito de sintonía para Chilevisión cada edición, con cifras récord en años previos.















