En medio de un escenario farandulero que parecía adormecido, Daniella Campos volvió a instalar su nombre en la primera línea del espectáculo tras confirmar un romance que venía sonando hace semanas en los pasillos de la televisión. La panelista no solo reconoció estar en pareja, sino que lo hizo sin rodeos, dejando entrever que atraviesa un momento emocionalmente intenso y, según sus propias palabras, “muy enamorada”.
El vínculo apunta directamente al corazón de la industria televisiva: su nueva pareja es un joven periodista que se desempeña como editor en el programa Zona de Estrellas, espacio especializado precisamente en comentar la vida privada de los famosos. Una ironía que no pasó desapercibida para el mundo del espectáculo: ahora es Campos quien se convierte en protagonista de las pautas que antes analizaba desde el panel.
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Daniella Campos confirma romance
Cercanos al entorno de la comunicadora aseguran que la relación se fue gestando lejos de las cámaras, en un terreno donde la complicidad profesional derivó en algo más personal. Sin embargo, el hermetismo inicial duró poco. Bastó que surgieran filtraciones y comentarios en redes para que la propia figura televisiva optara por transparentar la historia, evitando —según su círculo— que terceros instalaran versiones distorsionadas.
La confirmación, lejos de cerrar el capítulo, abrió otro: el del escrutinio público. En redes sociales y espacios de farándula surgieron cuestionamientos por la diferencia de edad y por el rol del periodista dentro de un programa que cubre a los mismos rostros con los que ahora comparte vínculos personales. Un debate ético que, aunque habitual en la TV chilena, vuelve a tensionar la delgada línea entre prensa de espectáculo y vida privada.
Por ahora, Campos parece decidida a no esconderse. Cercanos describen una relación en etapa inicial, pero sólida, mientras en la industria comentan que el romance ya genera incomodidades silenciosas en la interna televisiva. Porque en la farándula criolla —donde todo se observa, todo se comenta y nada se olvida— el amor también puede transformarse en pauta.
















