“Detrás del Muro”, el programa de humor que revivió la tradición del icónico Morandé con Compañía en las noches de Chilevisión, bajó el telón de su temporada con un capítulo final que mezcló emoción, nostalgia y un claro símbolo de transición para el elenco. La emisión del 29 de enero marcó no sólo el cierre de un ciclo televisivo sino también la despedida de una era humorística que, si bien conquistó audiencias, ahora se prepara para un salto incierto en medio de tensiones internas.
Desde el primer minuto del episodio final, quedó claro que los conductores buscaban cerrar con dignidad. El equipo completo se reunió en el set para compartir palabras sentidas, recuerdos y reconocimientos públicos entre compañeros que durante meses compartieron risas, complicidad y trabajo diario frente al público. Fue Christian Henríquez quien inició la ronda de reflexiones, destacando el valor de la experiencia en pantalla como algo más que un simple trabajo: “siempre será mi segunda casa”, señaló con un dejo de emoción.
“Detrás del Muro” cierra etapa entre lágrimas
La figura de Kike Morandé, conductor principal del espacio, adoptó un tono cercano y casi paternal durante sus intervenciones. Entre halagos, anécdotas jugosas y risas, rindió homenaje a cada uno de los humoristas: desde los peculiares personajes creados hasta la camaradería inevitable que se forjó detrás de cámaras. “Se les va a echar de menos”, resumió Morandé, sintetizando un sentimiento compartido tanto por el elenco como por la audiencia que siguió el programa.
Pero la despedida tuvo otro matiz: no todos los integrantes continuarán juntos en la siguiente etapa del proyecto, la cual, según fuentes previas, incluye un traslado del formato o del elenco hacia otro canal y cambios que han generado divisiones dentro del grupo. Informes filtrados en diciembre pasado indicaron que el espacio se prepara para pasar a Mega, aunque no todos los comediantes estarían de acuerdo con ese movimiento, creando una fractura que hoy se siente en el ánimo de la despedida.
Entre abrazos y ojos vidriosos, los humoristas también compartieron anécdotas personales que trascendieron los sketchs. Algunos recordaron momentos familiares, otros celebraron logros individuales, y todos coincidieron en resaltar la importancia de haber vivido un espacio de entretenimiento que se volvió parte de la cultura televisiva chilena actual. El cierre fue un gesto de agradecimiento mutuo: a los colegas por la hermandad profesional y a la audiencia por el apoyo constante.
Este final no solo marca el término de una temporada: simboliza también el ocaso de una fórmula humorística que marcó tendencia, pero que ahora enfrenta desafíos de continuidad y cohesión interna. En un ambiente donde los cambios de canal y negociaciones con nuevos destinos parecen inevitables, la emoción del capítulo final sirve de recordatorio de que detrás de cada broma y carcajada hay vínculos humanos que, en su despedida, se vuelven profundamente visibles.















