Mientras el Festival de Viña del Mar 2026 se acerca y las pantallas se preparan para vivir una de sus semanas más intensas del año, Raquel Argandoña se encuentra en el centro de la polémica mediática no solo por su participación en la cobertura del certamen, sino también por el monto que podría estar ganando Mega por ese trabajo, cifra que no ha sido confirmada oficialmente pero que ya circula con fuerza en la prensa y en el mundillo televisivo.
Según rumores bien posicionados entre los panelistas del programa Hay que decirlo, la histórica animadora —quien confirmó que estará en el espacio “Only Viña” junto a José Antonio Neme y Tonka Tomicic durante el festival— podría recibir entre $12 y $15 millones por su participación, un valor que expertos del medio describen como acorde al mercado actual para una figura de su trayectoria en un evento de alto rating.
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Esta cifra —que sería únicamente por la cobertura satelital de Viña y no incluye sus otros compromisos televisivos— pone en evidencia varios elementos del negocio farandulero que pocas veces se discuten abiertamente: primero, el poder de negociación de Argandoña como figura que puede aparecer simultáneamente en varios canales, algo inédito en la televisión chilena reciente; y segundo, cómo eventos masivos como Viña se transforman en oportunidades concentradas de ingresos para ciertos rostros mediáticos.
El “negocio” tras la “Quintrala”
La propia Argandoña explicó en Tal Cual que su decisión de sumarse a Mega se enmarca en una lógica de “tener una vejez digna y no depender de mis hijos”, frase que ha sido repetida por varios conductores veteranos ante la precariedad que puede implicar la carrera televisiva en un contexto de contratos temporales y cambios de señal frecuentes.
Pero el capítulo que pocos discuten es el contraste con sus roles regulares: mientras que en Chilevisión sigue siendo jurado de Fiebre de Baile y panelista en TV+, la oferta de Mega llega en un momento donde muchos rostros buscan multiplicar fuentes de ingreso ante un mercado laboral televisivo fragmentado y competitivo. El dato filtrado deja entrever que, aunque para el público espectador estos trabajos parezcan “momentos aislados”, para las figuras son negocios B que pueden significar una porción importante de sus ganancias anuales.
Este fenómeno —una misma personalidad televisiva en tres canales al mismo tiempo— ha generado debates entre críticos de televisión que lo ven como una señal de agotamiento de formatos y una saturación de rostros repetidos, mientras que otros lo interpretan como una estrategia inteligente de supervivencia mediática y económica.















