Daniela Aránguiz volvió a demostrar que, cuando habla, no deja espacio para la tibieza. A meses de la Gala del Festival de Viña 2025, la opinóloga revisó su paso por la alfombra roja y fue ella misma quien lanzó la frase más demoledora: “era una ordinariez”. Sin culpar a terceros ni escudarse en el contexto, Aránguiz sepultó el look que lució aquella noche y reabrió un debate que en la farándula chilena nunca muere: el del mal gusto, la exposición y la autocrítica tardía.
La ex Mekano reconoció que el vestido no la representaba, que no era fiel a su estilo actual y que, visto con distancia, fue un error que hoy no repetiría. Lo dijo sin maquillaje discursivo, en un tono directo que contrasta con la complacencia habitual del mundo televisivo, donde pocos se atreven a criticar sus propias decisiones estéticas cuando ya pasaron por la vitrina pública.
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“Era una ordinariez”
Pero la declaración no es solo una anécdota de moda. En el subtexto, Aránguiz apunta a algo más profundo: la presión por destacar a cualquier costo en eventos donde el impacto visual importa más que la identidad personal. La Gala de Viña, convertida hace rato en una pasarela de excesos, empuja a figuras del espectáculo a competir por atención, likes y titulares, incluso a costa del ridículo posterior.
En redes sociales, la confesión fue celebrada por algunos como un acto de honestidad brutal y criticada por otros como una innecesaria autoflagelación mediática. Sin embargo, lo cierto es que Aránguiz volvió a instalarse en la conversación pública sin pedir permiso, dejando claro que prefiere incomodar antes que fingir orgullo por algo que hoy considera un desatino.
















