La escena parecía una más dentro del calendario de aniversarios comunales de verano. Música, humor y autoridades locales buscando aplausos fáciles. Pero lo que terminó ocurriendo sobre el escenario de Puerto Montt derivó en un bochorno que hoy sigue generando ruido: la fallida presentación del comediante Arturo Ruiz‑Tagle terminó con gritos, insultos ideológicos y un gesto que encendió aún más los ánimos.
Según relataron asistentes y registros difundidos en redes, la rutina nunca logró despegar. El humorista —que enfrentaba a un público frío desde los primeros minutos— comenzó a tensionar el ambiente con bromas que no encontraron recepción. La incomodidad escaló cuando, visiblemente irritado por las pifias, Ruiz-Tagle optó por confrontar directamente a los presentes, abandonando el libreto humorístico para entrar en terreno político.
Escándalo en Puerto Montt
Fue ahí cuando lanzó la frase que selló su suerte: trató al público de “comunista”, desatando una ola de abucheos aún mayor. Lejos de bajar la intensidad, el comediante respondió con un gesto obsceno —recordando el tristemente célebre “Pato Yáñez”— que terminó por quebrar cualquier posibilidad de reconducir el show. Lo que debía ser un número festivo se transformó en un tenso gallito entre escenario y platea.
Testigos apuntan a que la organización debió intervenir para cerrar anticipadamente la presentación, evitando que el episodio escalara. El momento, grabado desde distintos ángulos, se viralizó rápidamente, instalando el debate sobre la delgada línea entre la provocación humorística y la descalificación directa al público, especialmente en eventos financiados o promovidos por municipios.
El caso vuelve a tensionar el circuito de espectáculos comunales, donde los artistas suelen enfrentarse a audiencias masivas y heterogéneas, pero también obliga a revisar los estándares de profesionalismo sobre el escenario. Porque una cosa es que una rutina fracase —riesgo permanente del humor en vivo— y otra muy distinta es responder al rechazo con insultos y gestos que terminan eclipsando cualquier remate.
En Puerto Montt, al menos, la noche que prometía risas terminó convertida en un episodio incómodo, de esos que los municipios preferirían borrar del afiche… pero que internet se encarga de mantener vivos.













