La abrupta salida de Cony Capelli de Fiebre de Baile —a solo dos días de la gran final del estelar de Chilevisión— sigue dando tela para cortar. Más allá de la versión oficial sobre su salud emocional, comenzaron a circular rumores y teorías que apuntan a un posible movimiento televisivo calculado, con un destino potencial fuera del canal que la proyectó como figura pública.
Capelli, ex concursante y figura emergente tras su paso por Gran Hermano, fue anunciada por Diana Bolocco como retirada voluntaria del programa, debido a “motivos personales” relacionados con su bienestar mental. Sin embargo, ese silencio oficial dejó espacio para que desde programas del espectáculo se airearan otras hipótesis, algunas de las cuales involucran negociaciones con otro canal de televisión.
En el programa Zona de Estrellas y también a través de trascendidos, se planteó que la bailarina podría estar en conversaciones con Mega para integrar un próximo reality de parejas producido por esa señal privada. La teoría tomó fuerza cuando se mencionó que el contrato de Capelli con Chilevisión culminaría justamente cerca del inicio de ese nuevo proyecto. Sin embargo, tanto Mega como la propia Capelli desmintieron públicamente que exista un acuerdo firmado o conversaciones avanzadas.
Estrategia detrás de la renuncia de Cony Capelli
Lejos de zanjar la discusión, ese cruce entre rumores de fichaje y la versión oficial de salut emocional revela dos lecturas posibles del episodio: por un lado, la actual narrativa de Capelli —centrada en amor propio y salud mental— es coherente con una tendencia global de figuras públicas que priorizan el equilibrio personal sobre la competencia mediática. Por otro, la rapidez con que surgieron especulaciones de un cambio de canal evidencia cómo el espectáculo televisivo capitaliza cada gesto personal y lo convierte en oportunidad de rating o fichaje millonario.
Al mismo tiempo, personas cercanas y espectadores han apuntado a otras dinámicas dentro del programa —como tensiones con participantes o el propio ambiente competitivo— que podrían haber contribuido al desgaste de la bailarina antes de tomar la decisión final. El episodio también abrió un contrapunto público cuando el bailarín y compañero de Capelli, David Sáez, defendió la decisión de su pareja y pidió respeto hacia la salud mental como primer factor, desestimando que exista una pelea interna entre ellos.
La renuncia de Capelli no solo alteró la recta final de Fiebre de Baile —que incluso reportó su mejor rating de la temporada tras ese capítulo polémico—, sino que expuso cómo en la televisión chilena las decisiones personales pueden transformarse en estrategia mediática incluso sin estarlo.
En un medio donde cada paso se interpreta como jugada y cada ausencia como cálculo, la historia de Cony Capelli se instala como otro ejemplo de cómo el show y la vida real se confunden, dejando a la audiencia preguntándose qué fue actuación, qué fue verdad y qué, simplemente, es la nueva lógica de los realities chilenos.















