La figura pública y ex-candidata a alcaldesa Camila Polizzi vive uno de los momentos más tensos de su vida mediática luego de que imágenes íntimas y comprometedoras de una sesión erótica, originalmente destinadas a la plataforma de contenido para adultos Vodscene, fueran filtradas y compartidas en grupos de WhatsApp, generando un escándalo con posibles repercusiones judiciales.
Según fuentes cercanas recogidas por medios de espectáculos, las fotografías —producto de una sesión de contenido audiovisual realizada en la región del Bío Bío— no estaban destinadas al consumo público. La filtración habría ocurrido tras una visita de Polizzi a un servicio técnico para reparar su teléfono, donde presuntamente se accedió y exportó material considerado privado por la propia creadora.
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Filtración explosiva de Camila Polizzi
Las reacciones internas no han sido menores. Christian Rubio, gerente de medios de Arsmate y Vodscene, dijo a Glamorama que los sistemas de ambas plataformas impiden capturas de pantalla o grabaciones internas, lo que eleva las sospechas sobre un potencial acceso ajeno a la protección digital usual de estas aplicaciones, apuntando directamente a maniobras de terceros para obtener y distribuir el contenido filtrado.
Más allá de la incomodidad y la vulneración de su privacidad, Polizzi habría decidido emprender acciones legales contra quienes resulten responsables de la filtración y difusión de las imágenes. Fuentes aseguran que la influencer y creadora de contenido se siente “súper molesta” y que su equipo evalúa querellas por vulneración de datos personales y explotación no autorizada de contenidos digitales, aunque hasta el cierre de esta edición no se han presentado formalmente.
Este episodio se suma a la ya intensa trayectoria mediática de Polizzi, quien ha estado en el ojo público no solo por su incursión en plataformas como Arsmate sino también por su situación judicial relacionada con el denominado Caso Lencería, por el cual enfrenta cautelares y restricciones legales mientras continúa su presencia en redes y plataformas eróticas.
Lo cierto es que el escándalo no solo reaviva el debate sobre los límites de la exposición digital y el derecho a la privacidad en la era de los smartphones, sino que también plantea interrogantes sobre la seguridad de los datos personales en talleres técnicos y servicios de reparación, un campo que, hasta ahora, ha operado bajo un aparente manto de informalidad que ahora podría costar caro en tribunales.
















