Una de las parejas más mediáticas del espectáculo chileno vive un terremoto emocional cuyos detalles cada vez suenan más violentos que románticos. Tras el inesperado quiebre entre Yamila Reyna y el cantante Américo, este miércoles comenzaron a circular imágenes y relatos que dejaron al descubierto un altercado que va mucho más allá de un simple “malentendido amoroso” y que habría culminado con el celular de la actriz roto en el suelo de una estación de servicio.
Según testimonios recopilados por la periodista Cecilia Gutiérrez, el conflicto que habría sellado la separación tuvo lugar después de su participación en el Festival de Empedrado, en la Región del Maule. Testigos aseguran que la discusión se trasladó de las cabañas donde estaban hospedados hasta una bomba de bencina camino a Santiago, donde Yamila habría reclamado acaloradamente mientras Américo, visiblemente alterado, le habría arrancado el celular de las manos y lo lanzó al suelo.
Fotos filtradas y un celular destrozado
Las fotos que se han filtrado en redes sociales —capturadas por quienes presenciaron parte del incidente— muestran el dispositivo destrozado y a la pareja visiblemente tensa, lo que alimentó aún más los rumores de un episodio de violencia que no solo involucró gritos, sino también forcejeos físicos menores. Un tercero que acompañaba al cantante —posiblemente su chofer o familiar según versiones— habría intentado mediar, desencadenando otro momento de tensión que terminó con ese hombre siendo dejado atrás en la estación mientras Américo se marchaba con Yamila.
Este relato choca de frente con la narrativa casi idílica que ambos habían construido desde que formalizaron su relación en 2024 y, más recientemente, anunciaron su compromiso matrimonial, previsto para este año. El golpe no es menor: muchos en el mundo del espectáculo interpretan este desenlace como la culminación de un vínculo que, pese a su exposición mediática, nunca endureció su estructura emocional para soportar presiones públicas y privadas.
Lo que hace más ácida esta historia es el contraste entre el brillo que proyectaban en redes sociales —con besos, declaraciones y planes familiares— y la cruda realidad de un quiebre cargado de tensión, símbolos rotos (como el celular) y silencios incómodos en sus perfiles digitales, donde se han dejado de seguir mutuamente y han borrado recuerdos compartidos. Así, lo que muchos veían como una de las grandes parejas del espectáculo chileno se reduce ahora a fotos de un teléfono hecho trizas, palabras atravesadas y una pregunta que resuena más fuerte con cada imagen viral: ¿amor o espectáculo mediático?
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