La brutalidad delictual en Chile volvió a encender alarmas, esta vez con un caso que detonó en redes sociales y revolvió la escena pública: la abogada Helhue Sukni estalló con profanidades y promesas de revancha tras el salvaje asalto que sufrieron sus padres en su propio hogar. La violencia privada se filtró en el espacio público con una crudeza pocas veces vista en quienes suelen medir cada palabra.
En un video difundido por ella misma, Sukni aparece literalmente fuera de sí, declarando con vehemencia que “los voy a mandar a matar, conchetumadres”, en referencia a los sujetos que ingresaron a la casa de sus progenitores. La grabación no es solo una descarga emocional: es la expresión brutal de una ciudad y un país que llevan semanas sumidos en una espiral de hechos violentos, en donde la justicia y la seguridad parecen cada vez más alejadas de quienes claman por protección.
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Helhue Sukni estalla tras brutal asalto
Según fuentes extraoficiales, el asalto no se limitó a un robo común. Los delincuentes, armados, intimidaron y golpearon a los padres de la abogada, provocando pánico y heridas leves. La familia, de avanzada edad, quedó marcada no solo por el robo de pertenencias, sino por la sensación de vulnerabilidad que la violación de su espacio personal genera. Es esa herida emocional la que, quizás, explica la furia visceral de la abogada en su relato.
Pero más allá del caso particular, lo que preocupa es el patrón: patrullas que llegan tarde, investigación criminal con rezagos y una percepción ciudadana de que el Estado no está cumpliendo su rol más básico —proteger a las personas y sus bienes. La reacción de Sukni, aunque controversial en su tono, no es aislada; es el reflejo amplificado de muchos chilenos que sienten que la violencia ha invadido no solo las calles, sino también la tranquilidad de los hogares.
El estallido de la abogada ha generado división en redes: mientras algunos respaldan su derecho a la indignación y exigencia de justicia, otros critican la incitación a la violencia y cuestionan la respuesta emocional por sobre el llamado a soluciones estructurales. Sea como sea, el caso de los padres de Helhue Sukni se convierte en otro espejo de una problemática de más largo aliento: la sensación de impunidad que impera en un país donde, para muchos, ya no basta con llamar a Carabineros. Quieren respuestas. Y las quieren ya.















