En un nuevo capítulo que mezcla farándula, temperamento y malas maneras fuera del estudio de televisión, José Antonio Neme —figura habitual de la pantalla matinal— se encuentra nuevamente bajo la lupa pública, pero esta vez no por una declaración polémica en el panel de un matinal sino por una supuesta actitud agresiva y grosera hacia un trabajador de un restaurante en el Barrio Lastarria. La acusación fue hecha pública por el periodista Pablo Candia durante el programa digital Quién es Uno, encendiendo nuevamente las alertas sobre la conducta del comunicador fuera de cámaras.
Según el relato de Candia, un garzón del local contactó a su equipo para relatar lo que consideró un trato “denigrante, falto de respeto y todo mal” por parte de Neme, quien habría reaccionado mal ante la ausencia de una bebida que él quería consumir durante una cita con su acompañante.
Testigos incluso habrían descrito a la pareja del animador con una “cara desfigurada” tras el encontrón, sugiriendo que la tensión no quedó sólo entre cliente y mesero, sino que impactó al entorno de Neme.
Este episodio ocurre en un contexto donde la figura mediática de Neme no pasa precisamente desapercibida.
José Antonio Neme en el ojo del huracán
Más allá del incidente en el restaurante, el animador ha sido protagonista de otras reacciones fuertes tanto en televisión como en redes sociales, donde no esconde su estilo directo —a veces visceral— al opinar sobre política, sociedad o figuras públicas. En distintas entrevistas, él mismo ha reconocido ser impulsivo y emocionalmente expresivo, una mezcla que puede encender aplausos o rechazos en igual medida en el público.
Pero esta vez, la polémica traspasa la pantalla: acusar de maltrato a un trabajador de un restaurante no es lo mismo que una discusión al aire con un panelista.
En una sociedad donde cada vez más se exige responsabilidad y respeto en los espacios cotidianos, la actitud que se le atribuye a Neme puede convertirse en mercancía política y social para sus detractores, así como en un caso de “doble vara” para quienes defienden a las figuras mediáticas que, paradójicamente, piden más empatía en la discusión pública.
A la espera de una declaración oficial del propio Neme o del restaurante involucrado, este hecho vuelve a poner sobre la mesa la discusión de cómo el temperamento y la fama interactúan fuera de cámara, y si las figuras que reclaman civismo en televisión practican lo mismo en sus relaciones personales y públicas. Por ahora, en redes ya arde el debate y las opiniones se dividen, pero algo es seguro: el episodio del Lastarria no pasará desapercibido para los seguidores y críticos del periodista.















