La televisión chilena volvió a entrar en modo conflicto abierto. Esta vez, con José Antonio Neme recogiendo el guante tras el “palo” lanzado por Andrea Arístegui, y respondiendo fiel a su estilo: sin matices, sin freno y, sobre todo, sin intención de bajar el tono.
El origen del round es conocido. En medio de un cruce en vivo con el senador Manuel José Ossandón, Arístegui marcó distancia del estilo del matinal de Mega con una frase que no pasó desapercibida: “si quieren gritar y tirar garabatos, no es nuestro estilo”. La alusión era evidente y el destinatario también. Lo que vino después era cuestión de tiempo.
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José Antonio Neme responde sin filtro
Y el tiempo se agotó rápido. Neme no solo respondió, sino que lo hizo apropiándose de la crítica con ironía filosa. En vez de desmentir, exageró: se definió como “indecente” y dejó entrever que no tiene intención alguna de moderarse para encajar en un estándar más “correcto”. Una jugada clásica en su libreto: transformar el cuestionamiento en identidad.
Pero más allá del cruce puntual, lo que queda al descubierto es una tensión más profunda dentro de la televisión chilena. Dos estilos, dos formas de entender el rol del periodista en pantalla: uno que apuesta por la confrontación directa, incluso incómoda; y otro que intenta marcar límites en el tono, aunque sin renunciar a la firmeza. La propia Arístegui, de hecho, bajó el perfil al episodio y lo calificó como “un chiste”, reconociendo diferencias de estilo más que un conflicto real.
Sin embargo, en la práctica, el “chiste” ya escaló. Porque cuando las figuras televisivas convierten sus diferencias en espectáculo, la discusión deja de ser sobre formas y pasa a ser sobre audiencias, egos y posicionamiento. Y en ese terreno, Neme juega de local: polémico, incómodo y, como él mismo dejó claro, lejos de pedir disculpas por ser exactamente lo que critica su competencia.














