En un giro que promete reavivar la guerra soterrada entre figuras mediáticas, Junior Playboy dejó caer una acusación que no solo remeció a los fans de los realities, sino que exhibe cómo la televisión amasa narrativas convenientes mientras entierra lo incómodo. El exchico reality, protagonista de “El Secreto Final”, reveló que Pamela Díaz —sí, La Fiera— lo habría agredido físicamente durante su participación en el reality Tierra Brava, un episodio que, según él, fue completamente editado y jamás emitido en pantalla.
Lo que en otros tiempos habría sido un simple intercambio de frases filosas en redes, ahora se transforma en una acusación con olor a encubrimiento televisivo. Playboy no se anduvo con rodeos: aseguró haber sido arañado por Díaz durante una confrontación entre participantes. Señaló que no hubo sanción, expulsión ni una sola reprimenda de parte de la producción… algo que para él responde a que la conductora es intocable en la industria. “La Pamela hoy en día tiene el imperio de la televisión y puede hacer y deshacer”, fueron sus palabras textuales frente a cámara.
Junior Playboy desnuda el oculto “lado B” de Pamela Díaz
Más allá del relato explícito, lo que se desprende de estas declaraciones es un conflicto de poder típico de la farándula criolla: mientras algunos construyen carreras culinarias, Díaz ya consolidó un estatus de dama de hierro mediática, capaz de imponer narrativas y, según Junior, de suavizar o enterrar piezas incómodas del guion televisivo. La denuncia de Playboy no solo apunta a una supuesta agresión física, sino a una estructura editorial que decide qué duele y qué no.
Y aquí hay un dato que no se puede silenciar: este no es el primer roce que la figura de Canal 13 ha enfrentado fuera de cámara. Días atrás, Pamela estuvo en el centro de otra controversia cuando surgió la versión de que habría ingresado marihuana al encierro de “Tierra Brava”, un hecho que incluso derivó en una demanda contra panelistas que difundieron la acusación.
La televisión chilena, que adora el espectáculo de los conflictos, ahora enfrenta un nuevo dilema: ¿seguirá respaldando la versión oficial donde todo se reduce a “show televisivo”, o abrirá las puertas al detrás de escenas real donde hay heridos físicos y tensiones sin filtros? Lo que Playboy ha puesto sobre la mesa no es solo una anécdota de reality, sino una reflexión incómoda sobre quién decide qué parte de la verdad vemos y cuál se queda en la sala de edición.














