En medio de la polémica por la abrupta salida del escenario de Asskha Sumathra en el Festival de Viña del Mar 2026, la animadora Karen Doggenweiler se atajó de las críticas y dio un paso inusual: publicó un mensaje emotivo y explícito de respaldo a la transformista, allanando el terreno para un inesperado acto de complicidad que terminó tornando la historia en algo más que un “conflicto televisivo”.
A través de su cuenta de Instagram, Doggenweiler compartió fotos junto a Sumathra en la Quinta Vergara y escribió: “Mi querida Asskha Sumathra, hiciste historia sobre el escenario… te llevaste todos los premios y nos hiciste reír a todos. Estoy muy feliz por tu triunfo en Viña 2026. Te adoro y bien sabes que soy admiradora de tu trabajo por muchos años y soy consciente de tu lucha por tantos años para ganarte cada escenario que pisas”.
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El gesto —que contrastó con la oleada de críticas que apuntaron tanto a la producción del certamen como a los propios animadores por haber interrumpido la rutina— no quedó sin respuesta. La propia Asskha Sumathra respondió en la misma plataforma, con un cariñoso comentario que no pasó desapercibido para sus miles de seguidores: “Hermosa mi guagüita, solo tú y yo sabemos lo que hablamos”, dejando entrever que el vínculo entre ambas va más allá de la escena pública.
Karen Doggenweiler lanza apoyo público
Este intercambio público ocurre en un contexto donde la salida de Asskha del escenario —a pesar de haber obtenido las dos Gaviotas y liderar en rating la cuarta noche del festival— detonó una tormenta de opiniones encontradas. Las redes sociales se dividieron entre quienes hablaron de censura o incomodidad hacia su estilo de humor en un evento masivo, y quienes defendieron la versión oficial de la organización: que lo acontecido fue simplemente el cumplimiento de los 50 minutos establecidos para su rutina.
Pero más allá de la tecnicidad de los tiempos y los protocolos, el gesto de Karen —y la respuesta cómplice de Asskha— desactiva parcialmente el relato de fricción entre artista y animadora. Al enmarcar el intercambio como un acto de apoyo explícito de una figura tradicional del festival hacia una performer que desafió los cánones del humor en Viña, se instala una narrativa distinta: no solo de controversia, sino de reconocimiento y respeto profesional.
En un festival que ya vibra entre polémicas, pifias del “Monstruo” y debates sobre libertad creativa versus estructura televisiva, este gesto de Doggenweiler podría funcionar como una bisagra—politizando menos y humanizando más la historia detrás de un show que, pese a haberse truncado en escena, no ha cesado de generar conversación fuera de ella.














