En medio de un año que podría marcar un quiebre dramático en su vida personal y profesional, Karla Constant se plantó al centro del huracán mediático tras los persistentes rumores que la vinculan sentimentalmente con su colega Sergio Lagos luego de que este anunciara su separación de Nicole después de más de 20 años de matrimonio. Frente a versiones que no la dejan en paz, Constant eligió un camino tan firme como evasivo: no alimentar el morbo, pero tampoco callarlo.
La conductora de televisión, rostro histórico de los realities y magazine de Canal 13, fue contactada por el programa Que te lo digo, donde su respuesta fue una declaración tajante en cuanto a actitud, pero elusiva en contenido. “La gente escucha lo que quiere, piensa lo que quiere y habla lo que quiere”, dijo, señalando que no hará, ni ahora ni nunca, declaraciones destinadas a desmentir ni confirmar nada sobre la supuesta relación con Lagos. A sus 50 años, según sus propias palabras, ya no está dispuesta a entrar en ese juego.
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Karla Constant rompe el silencio
Pero no se trata de un tema nuevo ni aislado. El vínculo entre Constant y Lagos tiene historia: según panelistas de farándula, ambos tuvieron un acercamiento amoroso a comienzos de los años 2000 cuando conducían juntos Expedición Robinson y Isla Vip, relaciones que no prosperaron y quedaron en el pasado. Tras ello, Lagos formó una familia con Nicole, con quien tuvo dos hijos. Ese contexto, revivido ahora por algunos comentaristas, ha sido utilizado para reconstruir un relato que la animadora rechaza sin confrontarlo directamente.
La separación que Karla Constant confirmó con su pareja de más de 10 años, el publicista Andrés Vilaseca, sigue siendo otro capítulo en la narrativa que vincula su vida personal con esta polémica. Aunque ella ha defendido en el pasado que su distanciamiento no tuvo relación con sus compromisos laborales –como los constantes viajes por las grabaciones de realities en Perú–, la conjunción de los hechos ha alimentado la maquinaria de chismes faranduleros.
Lo que queda es una figura pública que camina sobre una cuerda floja entre su derecho a la privacidad y una audiencia que parece exigir cada vez más verdades a los personajes que habitan la pantalla chica. Constant eligió el silencio como respuesta estratégica, consciente de que toda negación puede avivar el rumor, y toda confirmación podría transformarse en tendencia viral. Ya no se trata solo de un affaire: es una reflexión incómoda sobre cómo los medios y el público mezclan intimidad, trabajo y reputación en un cóctel difícil de digerir.















