En lo que podría convertirse en uno de los episodios más insólitos y reveladores del espectáculo político-farandulero chileno, una anécdota aparentemente trivial sobre el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, ha explotado en redes con una fuerza inesperada. La periodista Daniella Campos contó en un espacio de entretención que Carla Ballero —actriz y panelista conocida por su estilo frontal— le dijo en confidencia que el jefe comunal tenía un “olor terrible”, desatando una ola de comentarios que van mucho más allá de los humores corporales de un edil.
Lo que para muchos podría parecer un comentario frívolo refleja una intersección curiosa entre la política local y los mecanismos mediáticos de hoy: cuando los gobernantes trascienden la gestión y se convierten en sujetos de chismes, las fronteras entre la credibilidad pública y el espectáculo se desdibujan. Según Ballero, Vodanovic —quien además de alcalde enfrenta una compleja situación con el desalojo del campamento Santa Marta y acusaciones de arriendo ilegal de terrenos— era “estupendo intelectualmente”, pero su desodorante fue menos memorable.
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La polémica declaración sobre el “olor terrible”
La anécdota no cayó en saco roto: la comunidad digital no tardó en subrayar la ironía de que un líder comunal con responsabilidades administrativas sea recordado por su aroma corporal, mientras mantiene activo un proceso de desalojo y querellas contra supuestos intermediarios de campamentos. Las redes, como siempre, convirtieron la picardía en política pura, mezclando la gestión municipal con el rumor y la anécdota personal, en una lógica donde la reputación en redes pesa tanto como las decisiones administrativas.
Este episodio se suma a otras versiones sobre el vínculo entre Vodanovic y figuras del espectáculo, evidenciando un cruce de mundos que muchos electores consideran poco serio para cargos públicos: desde intercambios por redes sociales hasta salidas amistosas que nunca pasaron a una relación formal. El alcalde, inmerso en múltiples frentes —incluidos cuestionamientos por presuntos robos en la Tesorería Municipal investigados internamente— ahora también lidia con la comedia involuntaria de su supuesta “fragancia” personal resonando en la esfera pública.
Así, lo que podría haber sido una simple anécdota de camarines termina cuestionando no solo la exposición mediática de los políticos chilenos, sino la propia relación entre la política comunal y la farándula nacional, donde cualquier comentario personal puede adquirir una vida propia y eclipsar temas de verdadera relevancia pública.
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