Otra vez. Y con el mismo efecto: inquietud, viralización y debate. La tarotista Latife Soto volvió a instalarse en el centro de la conversación tras lanzar una serie de predicciones que, lejos de ser livianas, apuntan directamente a los días previos a Semana Santa. El mensaje fue claro, directo y sin matices: “va a estar mal, va a estar loco”.
Durante su espacio digital junto a José Antonio Neme, la guía espiritual advirtió que el panorama no solo sería complejo en Chile, sino a nivel global. Entre sus visiones, habló derechamente de un posible “apagón mundial muy grande”, que podría afectar luz, redes y comunicaciones en distintos países, incluso con autoridades recomendando a la población permanecer en sus casas por varias horas .
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Pero no fue lo único. En paralelo, lanzó una advertencia más concreta —y más cercana— para quienes ya planean el clásico escape de Semana Santa: el mar. Según su lectura, el comportamiento del océano Pacífico será especialmente peligroso en esos días. “No se acerquen ni un centímetro”, insistió, apuntando directamente a quienes suelen viajar a la costa en estas fechas .
El problema no es solo lo que dice, sino cómo se instala. Porque cada vez que Soto lanza una predicción de este tipo, el impacto es inmediato: redes sociales saturadas, titulares replicados y una mezcla incómoda entre incredulidad y temor. No es ciencia, pero tampoco pasa desapercibido. Y en un país marcado por catástrofes, cualquier advertencia —aunque venga desde lo esotérico— encuentra terreno fértil.
Al final, la historia se repite: predicciones que tensan el ambiente, una audiencia que escucha aunque dude y un contexto donde la incertidumbre ya es parte del paisaje. La pregunta no es si va a pasar o no. La pregunta es por qué, cada vez que alguien anuncia el caos, Chile se queda mirando… aunque diga que no cree.













