La exmodelo Marité Matus salió de la galería de rumores y definiciones superficiales para entregar una versión sincera —y algo incómoda— sobre su relación con el futbolista Arturo Vidal, un vínculo que ha sido más sujeto de chismes que de narración honesta. En una conversación donde desmontó suposiciones, Matus admitió cariño y admiración por el mediocampista, pero fue tajante al desmarcarse de cualquier etiqueta que insinúe una relación romántica formal.
“Lo admiro, lo quiero mucho, ha sido una persona importante en mi vida… pero no estamos ni hemos estado en una relación”, afirmó con claridad la otrora figura televisiva, en un gesto poco común en una farándula donde las respuestas suelen ser cuidadosamente prefabricadas. La declaración llega después de semanas de especulación que vinculaban a ambos no solo por cercanía social, sino por apariciones compartidas y comentarios cruzados en redes sociales.
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Más allá de negar lo que algunos presentaron como una historia de amor en ciernes, Matus se adentró en un terreno más reflexivo: criticó la tendencia de los medios y audiencias de “forzar narrativas” alrededor de figuras públicas. Según ella, la construcción mediática de una relación muchas veces dice más de los medios que de las personas involucradas. “A veces se quiere que dos nombres encajen porque así se escribe mejor la historia… pero ese no es siempre el caso”, dijo, poniendo en evidencia cómo la farándula chilena tiende a priorizar trama sobre realidad.
La aclaración de Matus no cayó en saco roto. Algunos sectores de la audiencia aplaudieron su postura franca y la consideraron una bocanada de madurez frente a la lógica del “amor farandulero” que tantas portadas vende. Otros, sin embargo, calificaron sus comentarios como evasivos, señalando que negar la relación puede ser también una estrategia para mantener expectación mediática alrededor de ambos nombres.
Lo cierto es que, en un ambiente donde cada gesto se interpreta y cada aparición se desmenuza, la intervención de Matus reconfigura la conversación. No solo desarma una narrativa persistente, sino que también abre una ventana hacia cómo las figuras públicas pueden –y quizás deberían– hablar de sus vínculos personales sin ceder a la presión de encajar en historias prefabricadas. En este caso, “admiración” y “cariño” bastan para describir el vínculo con Vidal, aunque muchos sigan esperando que esa historia cambie de guion.
Pero si hay algo que queda claro es esto: cuando la farándula se topa con la honestidad, el ruido aumenta… aunque la verdad —a veces— solo quiera ser simple.















