La escena no ocurrió en un set de televisión ni frente a cámaras de farándula, pero igual terminó convertida en espectáculo. Esta vez fue Paulina Nin quien encendió la polémica tras denunciar públicamente un episodio de discriminación que —según su propio relato— vivió mientras intentaba almorzar sola en un restaurante capitalino.
El descargo lo lanzó sin filtro en pantalla, durante el programa de TV donde participa, relatando que el incómodo momento ocurrió el fin de semana en un local del Mall Plaza Sur. Hasta ahí, nada fuera de lo común: hambre, ganas de una hamburguesa y la decisión —habitual para ella— de comer sin compañía. El problema vino después, cuando quiso sentarse.
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Según su versión, un trabajador del recinto instruyó a la anfitriona a ubicarla “al fondo” del restaurante por un supuesto protocolo aplicado a clientes que llegan solos. Una regla que, más que logística, le sonó a segregación encubierta. “Yo siempre me siento acá, soy cliente”, habría reclamado, intentando revertir la orden. Pero la respuesta fue tajante: debía ir al final.
¿Me vas a decir dónde sentarme?
Ahí la animadora dejó de ser comensal y pasó a ser denunciante. Encaró al encargado directamente: “¿Perdón? ¿Tú me vas a decir dónde me tengo que sentar?”, lanzó, visiblemente molesta. Su indignación aumentó al constatar —foto en mano— que el local ni siquiera estaba lleno, derribando la excusa de la optimización de mesas. “Eso no se hace”, remató, elevando el tono del reclamo.
Más allá del episodio puntual, el caso abrió un debate incómodo: la llamada “discriminación silenciosa” en espacios cotidianos. No por apariencia, ni por origen… sino por algo tan simple como llegar sin acompañante. Una práctica informal que muchos clientes dicen haber vivido, pero que rara vez se expone con nombre, rostro y pantalla abierta.
Porque al final, la discusión ya no es dónde se sentó Paulina Nin. Es por qué, en 2026, todavía hay lugares donde comer solo parece necesitar permiso. Y cuando eso pasa, basta una voz conocida para que lo que parecía protocolo… termine oliendo a desprecio.















