El influencer y personaje mediático Hernán “Nano” Calderón volvió a encender controversias esta semana, pero esta vez no por disputas familiares o confesiones de farándula: publicó en sus redes sociales la compra de una moto deportiva de lujo avaluada en más de $48 millones de pesos, que él mismo presentó como su “nueva baby”, generando una ola de reacciones que va desde la admiración hasta críticas por ostentación y desconexión social.
La máquina en cuestión es una BMW M1000RR M Competition, una de las motocicletas más potentes y exclusivas que se pueden encontrar en el mercado chileno, asociada más a circuitos de alto rendimiento que al tránsito urbano común. Calderón acompañó la revelación con una frase provocadora: “Se viene el proyecto más loco que haya hecho”, insinuando un plan ligado a la moto que aún no ha sido detallado a sus seguidores.
Nano Calderón exhibe su nueva “baby”
Este tipo de exhibiciones no son nuevas en la carrera pública de Nano, quien durante años ha mostrado su estilo de vida en redes con lujo, dinero en efectivo y consumos llamativos, actitud que él mismo ha defendido afirmando que lo hace “porque se le da la gana” y que busca, a su modo, motivar a quienes lo siguen. Ese discurso ha generado un claro cisma: mientras algunos celebran sus compras como símbolo de éxito personal, otros lo critican como síntoma de una élite influencer que parece ajena a las realidades económicas de la mayoría.
La figura de Nano no está exenta de polémicas previas —como el conflicto abierto con su padre Hernán Calderón Salinas y las denuncias familiares que explotaron en redes el año pasado— y ese trasfondo alimenta ahora discusiones sobre el mensaje que envía con una adquisición tan costosa. El precio de su moto, en un país donde la desigualdad y la precariedad laboral ocupan la agenda pública, ha sido señalado por algunos críticos como una provocación demasiado ostentosa en tiempos sensibles.
Lejos de moderar su postura, el influencer ha dejado la puerta abierta a que su nueva moto no sea solo una pieza de colección, sino parte de “algo grande” que está por anunciar, lo que podría incluir contenido de aventura, competencias o producciones propias. Sea lo que sea, el episodio reafirma que Nano Calderón —hijo de una de las familias más mediáticas de Chile— sigue construyendo su narrativa pública entre el éxito deslumbrante y la polarización que generan sus decisiones en redes sociales.














