Patricia Maldonado no se contuvo. La figura televisiva que nunca ha evitado una controversia lanzó un descargo sin filtros tras la muerte del periodista Andrés Caniulef, y fue directo al corazón del espectáculo nacional: hipocresía, doble estándar y el uso del dolor ajeno como escenario mediático. En un país donde las condolencias se mezclan con el marketing personal, Maldonado decidió sacar a relucir lo que muchos callan y pocos se atreven a decir en voz alta.
En su intervención en el programa Tal Cual, la opinóloga se paró firme en sus convicciones y arrancó con una declaración que dejó helada la pantalla: “esta misma gente que lo peló y habló barbaridades de él… ¿por qué no le dieron trabajo o lo llamaron cuando estaba mal?”.
Patricia Maldonado contra el “show del dolor”
Maldonado acusó a colegas y rostros de la farándula de lamentar en voz grande lo que en vida criticaron en privado, o simplemente ignoraron. Esa acusación, que puede sonar fuerte, encarna lo que muchos sienten pero no articulan: el espectáculo chileno aplaude el llanto pero no el acompañamiento real.
Pero la cosa no quedó en frases sueltas. Maldonado profundizó en lo que considera un patrón cultural: la hipocresía nacional.
“El chileno piensa una cosa y dice otra… después que lo humillaste y lo arrastraste por el suelo, hoy día hablan de legado”, lanzó con crudeza, recordando episodios pasados donde el propio Caniulef fue cruelmente cuestionado por su orientación sexual. Allí, Maldonado no solo critica al medio, sino a una sociedad que celebra el arrepentimiento póstumo como espectáculo y olvida sus fallas mientras la persona vivía.
Este episodio ocurre en un contexto más amplio del ambiente televisivo nacional, donde otras figuras como el fotógrafo Jordi Castell también han cuestionado la hipocresía generalizada tras el deceso de Caniulef, señalando que muchos que ahora lo llora jamás le dijeron un halago en vida.
La polémica no es menor: cuando la muerte de un rostro público se transforma en carnada para discursos y poses frente a cámaras, queda al descubierto una industria que aplaude el lamento más que la lealtad.
En definitiva, el descargo de Maldonado puso el foco en lo que muchos temen tocar: la autenticidad en los homenajes, la coherencia del medio y la manera en que tratamos a quienes han sido parte de este ecosistema. Si el espectáculo chileno pretende ser más que un circo de emociones prestadas, tendrá que responder: ¿estamos lamentando sinceramente o solo actuando el guion que mejor calza en pantalla? Porque las palabras de Maldonado, por más duras que sean, ponen la pregunta en voz alta.















