La escena que estaba pensada como un momento festivo en el Festival de la Naranja en Villa Alegre terminó convertida en un escándalo nacional. El humorista Dino Gordillo está bajo la lupa tras un gesto en pleno escenario que fue interpretado por testigos y autoridades como un beso en la boca a una adolescente de 14 años, detonando una denuncia formal por parte de la Municipalidad de Villa Alegre y el inicio de una investigación que ahora suma cancelaciones de shows y llamados a tribunales.
Lo que hace más incómoda esta historia —más allá del acto en sí mismo— es la defensa pública que le han dado figuras mediáticas cercanas al comediante, en especial Julio César Rodríguez, animador del evento aquella noche. Rodríguez salió al paso de la polémica asegurando que él no vio el gesto, que “no tenía idea” de la edad de la joven involucrada y que, a su juicio, no existe “ninguna connotación sexual” en lo ocurrido, calificándolo como una posible equivocación o gesto de mal gusto más que algo con intención detrás.
El “piquito” de Dino que nadie quiere ver
La versión de Rodríguez —dicha públicamente en el programa Hay que Decirlo— ha molestado a varios sectores que siguen el caso con atención. Para muchos, su postura ubica el problema como un simple malentendido, cuando hay testimonios y registros que señalan que el beso fue dirigido deliberadamente a la menor y que incluso él la abrazó y la elogió ante el público, lo que para algunos testigos va más allá de un “saludo inocente”.
Por su parte, Gordillo ha rechazado categóricamente las acusaciones, afirmando en un comunicado que la interacción fue un saludo, que siempre ha sido un artista con conducta intachable y que considera “irresponsable” atribuirle connotaciones impropias sin analizar todos los antecedentes. Aun así, la controversia no ha sido menor: alcaldías de otras comunas como Yerbas Buenas y Pichilemu decidieron cancelar sus presentaciones mientras la investigación avanza, argumentando prudencia y la necesidad de proteger espacios familiares en sus festivales.
Esta crisis pone en evidencia dos realidades del espectáculo local: por un lado, la del humorista veterano cuya trayectoria ahora se tambalea ante un episodio que puede tener consecuencias legales y de reputación; por otro, la de un animador como Julio César Rodríguez cuya defensa pública del colega ha dividido opiniones, exponiendo cómo las figuras del medio muchas veces terminan respaldando discursos que minimizan denuncias sensibles, en vez de enfrentar de lleno la gravedad política y social de hechos que involucran a menores.















