La controversia alrededor de Latife Soto, la tarotista chilena que se ha convertido en fenómeno viral por sus predicciones “cumplidas”, no se detiene tras el sorprendente escenario en Venezuela que recientemente se ha desplegado.
Soto volvió a ponerse en el centro del debate tras sus vaticinios pronosticando la caída del régimen de Nicolás Maduro, un hecho que algunos medios ya vinculan con la captura del líder chavista por parte de Estados Unidos —y que está en desarrollo político real en Caracas y Nueva York— y que ha encendido críticas y bromas en redes sociales.
En una entrevista grabada justo antes de la detención de Maduro, Soto aseguró con firmeza que “en 2026 ese sistema de él ya cae”, y que “le queda poquito” al dirigente venezolano, aludiendo a un desenlace que implicaría su salida del país y eventualmente su traslado fuera de Venezuela.
Predicción cumplida y ruido mediático
Esa predicción, replicada después por medios de espectáculos, ahora es reinterpretada por algunos como un supuesto “acierto” que anticipó acontecimientos geopolíticos complejos.
Pero la tarotista no se conformó con ese acierto parcial: en su nueva declaración pública, aseguró que Maduro no solo enfrentará juicio, sino que “no la pasará bien en la cárcel” y que su caída estaría marcada por traiciones internas dentro de su círculo de poder, señalando a figuras como Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello como protagonistas de un eventual ajuste de cuentas.
Soto incluso se aventuró a describir un futuro cercano para Venezuela, mencionando cooperación con Estados Unidos y una reordenación política del país en los próximos seis meses.
La predicción ha generado tanto seguidores fervientes como críticos escépticos: para unos, la vidente habría tocado fibra con anticipaciones que parecen reflejar hechos internacionales impredecibles; para otros, la relación entre eventos reales y lecturas esotéricas roza el oportunismo informacional.
Lo que está claro es que sus palabras resuenan en una región hipersensible donde la caída de gobiernos y líderes —como la realidad política venezolana demuestra— está dictada por tensiones geopolíticas, sanciones internacionales y dinámicas internas de poder, más que por cartas del tarot.
Entre tanto ruido, voces desde Venezuela y observadores internacionales señalan que la situación de Maduro es producto de años de crisis económica, protestas y presión diplomática, largos antes de cualquier predicción mística, recordando que el epicentro del cambio político siempre se decide en la arena geopolítica real.
La historia de Soto, lejos de aclarar, alimenta un debate sobre hasta qué punto las profecías mediáticas influyen en la percepción pública de fenómenos que tienen causas muy terrenales y complejas.















