Chile se debate entre cifras reales y profecías mediáticas. Mientras la tarotista Latife Soto asegura que la próxima ola migratoria no llegará desde Venezuela, sino de Estados Unidos, los datos oficiales contradicen esa narrativa y ponen sobre la mesa un problema estructural que ningún programa de televisión puede resolver.
En un segmento transmitido en Mega, Soto —con el lenguaje de las cartas y no de la política pública— planteó que economías como la estadounidense podrían empujar a ciudadanos de ese país a emigrar hacia Perú, Argentina y Chile ante una hipotética crisis de costos de vida y cambios monetarios globales. Una predicción que, en redes, se viralizó más por su osadía que por su plausibilidad.
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Predicción de Latife Soto
Sin embargo, los datos demográficos cuentan otra realidad: la migración hacia Chile ha crecido de forma sostenida en los últimos años, con venezolanos liderando los flujos actuales, y no estadounidenses formando la próxima “ola”. En cifras recientes, el 75 % de los inmigrantes en situación irregular proviene de Venezuela, seguido por Bolivia y Colombia —no de Estados Unidos— según análisis oficiales basados en registros de la PDI y organismos del Estado.
La polémica predicción de Soto se cruza con un debate social más profundo: Chile ha carecido de políticas migratorias claras y de largo plazo, mientras la percepción pública —intensificada por programas de entretención televisiva— alimenta imaginarios distorsionados sobre quién “vendrá después”. Esto ocurre justo cuando ciudades como Arica alertan que ya están al límite de su capacidad de respuesta ante flujos continuos de personas desde el norte.
En un momento en que cifras oficiales muestran que casi uno de cada diez habitantes en Chile es migrante, con más de 1,9 millones viviendo en el país, el enfoque en vaticinios mediáticos desvía la atención de la urgente necesidad de un debate serio sobre empleo, integración y seguridad ciudadana.













