El remezón en “Tal Cual” no pasó desapercibido. Y menos para Raquel Argandoña, quien salió al paso de los rumores con una mezcla de lealtad, pragmatismo y esa cuota de dureza que la ha mantenido vigente por décadas. La salida de una figura clave del programa no solo golpeó al equipo: también abrió dudas sobre la estabilidad de uno de los espacios más rentables de TV+.
El nombre detrás del quiebre no es menor. Se trata de Gonzalo Cordero, productor ejecutivo y uno de los cerebros detrás del formato. Su partida dejó algo más que un vacío operativo: dejó una sensación de fragilidad en un programa que, hasta ahora, parecía blindado frente a las turbulencias internas. “Quedamos como cojos”, reconoció Argandoña, evidenciando que el golpe no fue simbólico, sino estructural.
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Pero si alguien pensó que esto significaba una retirada, se equivocó. Argandoña fue tajante: se queda. No por romanticismo televisivo, sino por una mezcla de convicción personal y presión comercial. “Los auspiciadores no nos dejan ir”, lanzó, en una frase que desnuda una verdad incómoda de la industria: los programas no sobreviven por cariño, sobreviven por rating y dinero.
El problema es que “Tal Cual” ya venía acumulando señales de desgaste. Salidas previas, reestructuraciones internas y movimientos en el equipo habían ido erosionando su estabilidad. La partida de Cordero no es un hecho aislado, sino parte de una cadena de cambios que reflejan un canal en ajuste permanente y un producto que empieza a mostrar grietas.
En ese contexto, la continuidad de Argandoña no es solo una decisión personal: es una apuesta. Porque quedarse en medio de un proyecto que pierde piezas clave implica asumir un riesgo evidente. Y ahí está el punto incómodo: “Tal Cual” sigue al aire, sí, pero ya no es el mismo. Y aunque sus rostros insistan en transmitir normalidad, la pregunta queda flotando —inevitable— en la industria: ¿cuánto más puede sostenerse un programa cuando empieza a desarmarse desde adentro?















