La periodista Rayén Araya volvió a convertirse en protagonista del espectáculo farandulero tras ser vinculada con el conductor Sergio Lagos por un video en el que aparecen juntos caminando y reunidos en medio del reciente quiebre sentimental del animador. Pero lejos de aclarar la rumorología con un “sí” o “no” rotundo, Araya escogió cuestionar la lógica del propio rumoreo mediático, invitando a repensar la cultura de cazadores de flashes antes que a confirmar cualquier vínculo amoroso.
El registro que circuló —captado en una situación de aparente camaradería tras una fiesta vinculada a festivales y eventos sociales— puso de inmediato a Araya en el centro de los comentarios: según panelistas de farándula, ella y Lagos salieron juntos del recinto a altas horas de la madrugada, lo que fue interpretado por algunos como “la nueva conquista tras la separación del rostro de Canal 13”.
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Sin embargo, lejos de alimentar el cahuín con confesiones íntimas, la periodista alzó la voz para reclamar la ligereza con la que se vincula a figuras públicas a relatos amorosos sin sustento real. En sus declaraciones —leídas por varios medios como una respuesta sofisticada al vínculo sugerido— Araya enfatizó que su relación con Lagos es estrictamente de amistad y profesional, y que aparecer juntos en un espacio social no es prueba de romance. En este punto, su respuesta confronta directamente el afán del espectáculo por convertir cualquier interacción en un capítulo de telenovela virales.
Rayén Araya desmiente romance con Sergio Lagos
El contexto no ayuda a calmar los ánimos: Sergio Lagos está en un momento de alta exposición tras anunciar su separación de la cantante Nicole luego de casi 20 años de relación —un tema que lo ha tenido en titulares y que ahora alimenta la especulación sobre su vida sentimental. En este escenario, que un video lo muestre con una colega del medio fue suficiente para que algunos programas decidieran trazar líneas amorosas imaginarias.
Pero Araya marcó un punto que muchos en los medios suelen evitar: la confusión entre cercanía laboral y vínculo sentimental, y cómo esa conjetura no solo invade la privacidad de las personas involucradas, sino que además refuerza estereotipos sobre las mujeres en roles públicos. Su réplica, más que una negación tajante de romance, fue una crítica implícita a una prensa que prefiere reubicarse en la anécdota ligera antes que en la precisión informativa.
La periodista dejó claro que —a diferencia de los rumores que proliferan en shows de farándula— la historia es más compleja que “dos colegas saliendo juntos”, y que reducirlo a romance es tanto injusto como simplista. Así, Rayén Araya vuelve a posicionarse no solo como rostro mediático sino como crítica del propio sistema que la expone, tirando de la cuerda entre realidad, especulación y el insaciable apetito del showbiz por los “affaires” sentimentales.















