La modelo argentina Rocío Marengo encendió las alarmas esta semana al ser internada en la semana 33 de su embarazo, en un cuadro que ha despertado preocupación sobre su salud y la del bebé. La hospitalización, realizada en el Sanatorio Otamendi, habría sido decidida tras un control obstétrico rutinario en el que los médicos detectaron “cositas que les preocuparon”, según informaron en el programa Intrusos.
Según las versiones oficiales, Marengo permaneció hospitalizada más de 48 horas bajo observación estricta. En sus redes sociales, la modelo trató de apaciguar los rumores: “Con bebito estamos re bien”, declaró, asegurando que su reposo tiene como objetivo evitar contracciones prematuras y dar continuidad estable al embarazo.
Rocío Marengo en observación
Este no es un episodio aislado en la gestación de Marengo. A comienzos de noviembre ya había revelado que debió guardar reposo por un hematoma intrauterino —una condición que genera miedo por su potencial de complicar el embarazo—, lo que obligó a monitoreos y a pausas en su actividad.
El drama detrás del embarazo —concebido tras años de tratamientos, frustraciones y esfuerzo personal— gana ahora un nuevo capítulo de tensión. Marengo, de 45 años, había contado que este bebé era un sueño largamente acariciado: tras años de tratamientos de fertilidad y sacrificios emocionales, finalmente anunciaba su maternidad.
Queda en evidencia que, detrás de las redes sociales y luces del espectáculo, hay una gestación que ha tenido sustos reales. La pregunta que muchos ya se hacen —y pocos quieren responder en voz alta— es si esta internación preventiva revela debilidades del sistema obstétrico, o simplemente la fragilidad de un embarazo de alto riesgo. Mientras tanto, la prioridad es clara: salud, reposo y silencio, hasta que Marengo regrese a casa con su bebé a salvo.















