La actriz Rocío Toscano, quien hace apenas semanas sorprendió a sus seguidores al anunciar que esperaba su tercer hijo junto al futbolista Agustín Ambiado, no está atravesando un embarazo idílico ni armonioso como muchos imaginan cuando se anuncia una gestación.
A través de sus historias de Instagram, Toscano se sinceró de manera brutal con su comunidad digital sobre un problema de salud que ha convertido su proceso en una pesadilla física y emocional: el síndrome de piernas inquietas, un malestar que ha complicado su descanso y ha encendido las alarmas sobre cómo se vive “la maternidad perfecta” en pantalla versus la realidad cruda de un cuerpo que no coopera.
“Es desesperante”, escribió la actriz, describiendo sensaciones de incomodidad tan intensas que no le permiten dormir y que, en su caso, han ido más allá de las piernas, extendiéndose también a los brazos en episodios especialmente molestos.
Rocío Toscano desnuda su embarazo
Esta condición, que los especialistas también conocen como el síndrome de Willis-Ekbom, se caracteriza por una necesidad incontrolable de mover las piernas —y en algunos casos otras partes del cuerpo— para aliviar la incomodidad. En un embarazo, señalan los médicos, este síndrome puede volverse especialmente agresivo y afectar la calidad de vida.
La crudeza del relato de Toscano golpea porque desmonta el relato idílico que suele rodear las gestaciones de figuras públicas: no es brillo, no es glamour, es un cuerpo que lucha cada noche por descansar mientras lleva vida dentro. “Lo peor que te puede pasar en el embarazo… no deja dormir”, afirmó sin filtros, e incluso pidió a sus seguidores consejos para sobrellevar los síntomas, evidenciando un gesto de vulnerabilidad pocas veces exhibido por celebridades.
Pero más allá de la mera confesión de malestares, lo que emerge de su desahogo es una crítica silenciosa a la cultura de las plataformas digitales donde la maternidad suele ser representada como una experiencia celestial, llena de ternura y conexión, pero rara vez acompañada de la insomnio, dolor crónico o fatiga extrema que muchas mujeres enfrentan sin cámaras.
En este sentido, el síndrome de piernas inquietas que padece Toscano —que incluso se intensifica en la noche y obliga al movimiento constante para aliviar las molestias— desmonta la narrativa del embarazo soñado y obliga a las audiencias a confrontar una realidad física incómoda y silenciosa para muchas madres.















