La figura pública argentina radicada en Chile, Sabrina Sosa, volvió a encender las redes sociales esta semana, no por un proyecto televisivo ni por una declaración polémica, sino por una foto en bikini que muestra su “nueva apariencia física” apenas tres meses después de dar a luz a su hijo Gio, fruto de su relación con el futbolista Joaquín Montecinos.
Lo que podría haber sido una simple postal veraniega —en medio de las altas temperaturas y el boom de playas y piscinas en las regiones centrales del país— se transformó en otro episodio más de la presión mediática sobre el cuerpo femenino post embarazo. Sosa, con una audiencia considerable en Instagram —cerca de 800 mil seguidores según diversos medios— compartió la imagen donde luce su figura sin filtros visibles, despertando tanto halagos entusiastas como comentarios de imposible satisfacción estética.
Sabrina Sosa y la presión del “cuerpo ideal”
Sin embargo, la reflexión va más allá del calendario de un mes 90 días tras el parto. En un año en que otras figuras públicas han sido objeto de duros debates —por su rol como madres, por sus decisiones familiares o incluso por su presencia en eventos sociales— este foco obsesivo sobre cómo “recuperar la figura” tras un embarazo parece repetir un patrón de vigilancia sobre el cuerpo femenino que ya cansa.
¿Se trata de fortaleza maternal o de una exigencia cultural que no permite descanso ni en la maternidad? Más allá de los elogios fáciles, la conversación que instala Sosa es la misma que enfrentan muchas mujeres: ¿cuándo deberíamos dejar de medir el valor social de una madre por centímetros de cintura?
Y pese a que Sabrina ha sido transparente en otros aspectos de su maternidad —admitiendo públicamente desafíos con la lactancia y comentarios sobre su vida familiar— la elección de exhibir su cuerpo en este momento puntual vuelve al centro la pregunta pendiente: ¿qué mensaje real se está enviando a sus seguidores y seguidores?
En un Chile donde la discusión sobre imagen corporal, salud y redes sociales está lejos de ser superficial, este tipo de publicaciones todavía provoca debate y, más aún, obliga a cuestionar si la admiración por una figura recuperada se transforma en otra forma de escrutinio invisible sobre las mujeres.
















