En una final que desbordó emoción, polémica y —como siempre en estos formatos— más de una declaración incendiaria, Skarleth Labra no solo se coronó como la ganadora de Fiebre de Baile, sino que ya puso sobre la mesa un plan que va más allá del brillo escénico del estelar de Chilevisión: usar el millonario premio en construir su propio futuro, literalmente.
La influencer y bailarina —popularmente apodada “Skar” por sus seguidores— se alzó con el 43% de los votos del público en la gran final realizada en el Movistar Arena, superando a figuras como Gabriel Urzúa y Princesa Alba. Con ese respaldo popular, se llevó a casa 20 millones de pesos y un viaje para dos personas, pero fue su respuesta sobre qué hará con el dinero lo que encendió conversaciones más profundas sobre prioridades reales en medio del showbiz.
Skarleth Labra remezona tras ganar Fiebre de Baile
Lejos de hablar de lujos o compras impulsivas, Labra dijo sin ambages que su objetivo está bien apuntado: ahorrar para conseguir una casa propia y dar el pie inicial para asegurar un patrimonio estable fuera del ritmo vertiginoso de la televisión. Esa ambición, aparentemente simple, revela una veta más madura de una figura que muchos han encasillado solo como “influencer de reality”.
El anuncio de Skarleth pone en tensión dos discursos habituales del espectáculo: por un lado, la cultura del premio fugaz, del gasto ostentoso y la vida efímera; por otro, una aspiración concreta de emanciparse y construir algo duradero en un mercado donde muchos rostros desaparecen tan rápido como aparecen. En ese sentido, su discurso de inversión personal —y no solo de celebración mediática— la distancia de muchos otros ganadores de programas similares.
No obstante, el camino hacia la final no fue solo aplausos. Skarleth vivió tensiones previas con el jurado —especialmente con Vasco Moulian, con quien tuvo cruces intensos y comentarios que salieron de la fría evaluación técnica—, lo que añade una capa adicional a su triunfo: el reconocimiento de una audiencia que la respaldó pese a la crítica rígida desde el panel.














