La alfombra roja del Festival de Viña del Mar 2026 ha dejado más dramática que glamorosa a algunas figuras del espectáculo nacional. La influencer y animadora televisiva Tita Ureta terminó en el ojo del huracán luego de aparecer en la Gala del certamen luciendo un vestido que, según rumores faranduleros, perteneció años atrás a Carola de Moras, generando una polémica inesperada —y con tachos de envidia incluidos— en los pasillos y redes sociales de la ciudad jardín.
Según versiones que corrieron como pólvora entre panelistas de espectáculos, la exanimadora del Festival habría sentido cierto “malestar” al ver el icónico diseño del modisto Claudio Mansilla —primero usado por ella y convertido en símbolo de su paso por la Gala— modificado y reutilizado por Ureta para adaptar la prenda a su avanzado embarazo. Los observadores más incisivos aseguraron que el simple acto de intervenir el vestido, transformándolo en dos piezas, fue visto como una ofensa estética y simbólica.
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Frente a la ola de comentarios, Ureta no se quedó callada y enfrentó la polémica en Contigo en la Mañana. La creadora defendió su decisión con un tono casi ecologista de moda: “hay que darle una segunda vida, una tercera o una cuarta”, explicando que la transformación no fue capricho sino necesidad para que la prenda pudiera ajustarse a su figura actual. Asimismo, destacó con diplomacia —que algunos interpretaron más bien como puyazo— que Carola de Moras “se veía preciosa” con el atuendo original y que ella intentó estar “a la altura” de esa responsabilidad estética.
La polémica se profundiza al considerar que ese mismo vestido también fue usado por la socialité Paris Hilton años atrás, lo que convierte a la prenda en un objeto de culto y no simplemente en un look reciclado. Entre usuarios de redes y comentaristas de farándula se ha desatado una discusión más amplia sobre los códigos del espectáculo y la moda: ¿corresponde que una figura reutilice una pieza emblemática sin consultar a quien la hizo icónica? ¿O es simplemente moda circular en su máxima expresión? Los comentarios van desde “brillante homenaje” hasta “descaro total”.
Hasta ahora, De Moras no ha emitido una declaración pública directa sobre el episodio, lo que alimenta aún más las especulaciones sobre si hay verdadera molestia o si se trata de un culebrón más dentro de la temporada festivalera. En un evento donde cada traje, gesto y comentario es diseccionado por miles de ojos —televisivos y digitales—, esta historia recuerda que el espectáculo no termina en la Quinta Vergara, sino que se extiende en la intriga, el egocentrismo y la competencia silenciosa entre quienes quieren dominar cada alfombra roja y cada titular.















