Tras años de amistad sin fisuras entre Tonka Tomicic, su entonces esposo Marco Antonio López “Parived” y el empresario Leonardo Farkas, la relación entre estas figuras del jet set chileno terminó en la nada sin explicaciones claras… hasta ahora.
Lo que inició como un estrecho vínculo social —viajes, fiestas y hasta la presencia de Farkas como padrino en la boda de la animadora en Jerusalén, Israel— se desmoronó entre versiones encontradas que van desde un millonario préstamo sin pagar hasta un supuesto desaire que habría cruzado líneas personales.
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La primera versión dominante atribuía el quiebre a un conflicto económico: Parived habría pedido 500 millones de pesos a Farkas para un proyecto minero, de los cuales solo 150 millones habrían sido facilitados realmente, quedando sin concreción el negocio y sin devolución el dinero.
¿Todo por dinero o por un gesto?
Según esa tesis, Farkas se molestó con Tonka cuando ella lo derivó directamente a Parived para resolver la deuda, lo que gatilló el distanciamiento definitivo entre ambos.
Sin embargo, fuentes cercanas al entorno de Farkas hicieron estallar esa narrativa tradicional el año pasado: en un podcast, la opinóloga Claudia Schmidt aseguró que el conflicto no fue por dinero, sino por “una falta de respeto” hacia Betina Friedman, esposa del empresario, durante una reunión social.
En ese relato, Tonka y Parived habrían rechazado compartir un plato solicitado para la esposa de Farkas, gesto que, según Schmidt, habría desencadenado la ruptura de la relación personal entre las partes.
Lo que hace más intrigante este culebrón es la propia postura de los protagonistas. Aunque Farkas negó públicamente que hubiera una pelea con Tonka o Parived y calificó su distanciamiento como “razones externas y privadas”, no especificó ni desmintió las versiones circulantes.
Por su parte, Tonka ha sido más evasiva: en declaraciones pasadas reconoció que el distanciamiento existió, calificándolo como “situaciones puntuales del pasado”, sin profundizar en los motivos ni desmentir categóricamente las versiones sobre dinero o gestos en la mesa.
Este episodio —que rápidamente dejó de ser una simple anécdota de farándula para convertirse en tema de especulación social— también arroja luz sobre la precariedad de las amistades en el entorno del espectáculo chileno, donde los motivos más banales pueden adquirir tintes de traición pública y donde las explicaciones oficiales a menudo se diluyen entre rumores, silencios y versiones cruzadas.















