El Festival de Viña del Mar ni siquiera cierra del todo su edición 2026 y ya está operando en modo negociación. Mientras el público todavía digiere la dupla de Karen Doggenweiler y Rafael Araneda —confirmados como rostros oficiales del certamen actual— en los pasillos de Mega el foco ya cambió: quién se queda y quién se va en 2027. Y la respuesta, aunque no oficial, empieza a tomar forma.
La señal es clara y no precisamente sutil. Araneda, pese a su experiencia y a sostener una conducción sólida en la Quinta Vergara, estaría viviendo su última edición bajo el actual contrato. Desde la interna del canal ya se instaló la idea de un recambio, una palabra elegante para decir desgaste. Y en ese tablero, el nombre que se repite con insistencia es el de José Antonio Neme, figura que Mega ha ido posicionando con calculada exposición.
También te puede interesar
Viña 2027 ya mueve sus fichas
El movimiento no es casual. Doggenweiler no solo seguiría en la animación —respaldada por cifras de popularidad y una evaluación interna favorable—, sino que además se transforma en el eje de continuidad del festival. La estrategia parece evidente: mantener un rostro consolidado y apostar por un relevo masculino que conecte con nuevas audiencias, aunque eso implique tensionar el equilibrio clásico del certamen.
Pero el riesgo es evidente. Neme no es Araneda, y Viña no es cualquier escenario. El “Monstruo” no compra apuestas en verde ni perdona improvisaciones. Apostar por un perfil más opinante, más frontal, puede ser un golpe de aire fresco o un error de cálculo en horario prime. Mega, en todo caso, parece dispuesto a jugar esa carta.
Así, Viña 2027 se perfila como algo más que una nueva edición del festival: será una prueba de poder televisivo. No se trata solo de animar un evento, sino de instalar un relato. Y en esa disputa, el escenario ya no es la Quinta Vergara, sino la interna de un canal que quiere redefinir quién manda en la televisión chilena.














