No fue el tribunal, ni la fiscalía, ni la formalización lo que terminó por derrumbarlo. Fue una pregunta en vivo —directa, incómoda y brutalmente honesta— la que quebró al hombre sindicado como uno de los responsables del megaincendio que arrasó miles de hectáreas en la Región del Biobío. Claudio Luna, hoy bajo arresto domiciliario nocturno mientras avanza la investigación, dejó al descubierto un drama personal que corre en paralelo al proceso judicial.
El caso lo tiene en el centro de la condena pública. La indagatoria apunta a que un actuar negligente habría detonado el siniestro que consumió más de 20 mil hectáreas y destruyó viviendas completas. Según la investigación, una pavesa originada tras encender fuego en una cocina a leña habría derivado —empujada por el viento— en uno de los focos iniciales de la catástrofe. La defensa, sin embargo, insiste en que no hubo intención ni previsibilidad en lo ocurrido.
Acusado por megaincendio en Biobío
Pero mientras la justicia busca responsabilidades, la vida del acusado se desmorona fuera de tribunales. Sin trabajo, sin casa y viviendo como allegado, Luna enfrenta además el peso de la estigmatización social. Cercanos se alejaron y puertas laborales se cerraron de golpe. Él mismo reconoció que ha recorrido distintos lugares buscando empleo, sin éxito, marcado por el estigma de ser —para muchos— culpable antes de que exista sentencia.
El golpe más crudo, eso sí, lo recibió su entorno íntimo. Su pareja relató que incluso debió dormir en un terminal tras quedar sin redes de apoyo, describiendo la situación como humillante y desesperante. Ese contexto explotó emocionalmente cuando, en televisión, le plantearon que la sociedad ya lo había condenado. Luna no resistió: se quebró en pantalla, incapaz de responder, evidenciando que el juicio mediático puede ser tan devastador como el judicial.













