En medio de la tensión política que rodea su candidatura internacional, Michelle Bachelet decidió desempolvar una historia incómoda para el Chile actual: el día en que Sebastián Piñera —desde la vereda opuesta— le ofreció apoyo total para llegar a lo más alto de la política mundial. Un contraste que, sin decirlo directamente, terminó golpeando al actual gobierno.
Según relató la exmandataria en un conversatorio reciente, fue el propio Piñera quien, en una reunión privada, le planteó sin rodeos la idea de postularse como secretaria general de la ONU. “Si tú quieres ser secretaria general, yo te apoyo”, habría sido la propuesta que en ese momento la tomó por sorpresa y que, según reconoció, ni siquiera estaba en sus planes considerar.
Bachelet revive gesto de Piñera
El episodio no es menor. En tiempos donde la política chilena parece incapaz de sostener mínimos acuerdos, Bachelet recordó una época en que incluso entre adversarios existía una lógica de “política de Estado”. Y ahí aparece el mensaje implícito: hoy ese estándar —a su juicio— simplemente no existe.
Porque mientras Piñera ofrecía respaldo transversal, el actual gobierno de José Antonio Kast optó por retirar el apoyo a su candidatura internacional, desmarcándose de una tradición diplomática que históricamente privilegiaba respaldar nombres chilenos en organismos globales. Una decisión que no solo generó ruido político interno, sino que además dejó a la exmandataria dependiendo del respaldo de potencias como Brasil y México para seguir en carrera.
El “palito” fue sutil, pero efectivo. Sin confrontar directamente, Bachelet instaló una comparación incómoda: la derecha de ayer dispuesta a empujar su nombre en el exterior, versus la derecha de hoy que le baja el pulgar. En política, a veces no hace falta gritar para incomodar. Basta con recordar.















