“Buena pero zurda”: filtración de documento interno desata crisis por presunto fichaje ideológico en el Estado
Un documento filtrado volvió a encender las alarmas sobre prácticas opacas al interior del aparato público. Esta vez, no se trata de cifras ni de políticas, sino de algo más delicado: evaluaciones informales a funcionarios donde no solo se medía desempeño, sino también afinidad política. La frase que detonó el escándalo —“buena, pero zurda”— no solo resume el tono del informe, sino también el problema de fondo.
La polémica estalló luego de que se difundiera una planilla que, según trascendidos, habría sido utilizada para perfilar a trabajadores del Estado bajo criterios que exceden lo técnico. No se trata solo de una evaluación laboral: el documento incluiría juicios de valor y etiquetas ideológicas, abriendo una discusión incómoda sobre discriminación política dentro de la administración pública.
Filtración de documento interno desata crisis
Desde el Gobierno salieron a contener el daño, intentando desmarcarse del origen del documento. Algunas versiones apuntan a que no sería un instrumento oficial, sino un insumo paralelo o incluso externo, lo que no ha logrado frenar las críticas. El punto es evidente: si circula este tipo de material —sea formal o no— es porque existe un clima donde estas prácticas, al menos, no resultan impensables.
La reacción política no tardó. Desde la oposición se exige sumarios y responsabilidades, argumentando que el uso de criterios ideológicos en evaluaciones vulnera principios básicos de probidad y neutralidad del Estado. De hecho, ya existen advertencias sobre el uso de recursos públicos para construir relatos o diagnósticos con carga política, lo que podría constituir una falta grave si se comprueba su institucionalidad.
Pero más allá del origen específico del documento, el episodio deja una señal inquietante: la delgada línea entre gestión pública y militancia. Porque cuando el juicio político se cuela en la evaluación profesional, lo que se erosiona no es solo la confianza interna, sino la legitimidad completa del sistema. Y en ese terreno, una frase como “buena, pero zurda” deja de ser una anécdota para convertirse en síntoma.
