El caso de Julia Chuñil Catricura, la dirigenta mapuche desaparecida hace más de 14 meses en la comuna de Máfil, Región de Los Ríos, ha dado un giro dramático y contradictorio que pone en tela de juicio no solo la investigación de la Fiscalía, sino también las mismas versiones preliminares de los principales protagonistas: sus propios hijos.
Lo que comenzó como una declaración pública llena de justificaciones y supuestos “presentimientos” de la madre, ha terminado con la detención de tres de ellos y un exyerno por parricidio y homicidio calificado, desatando una tormenta judicial y social sin precedentes en la zona.
En noviembre pasado, Javier Troncoso Chuñil y Pablo San Martín Chuñil, dos de los hijos de Julia, hablaron ante las cámaras de televisión para intentar despejar sospechas. Javier llegó incluso a explicar la presencia de manchas de sangre en su habitación como algo banal, atribuyéndolas a pequeños cortes con herramientas, mientras negaba cualquier implicación en la desaparición de su madre y defendía su propia participación en la búsqueda.
Caso Julia Chuñil se derrumba en contradicciones
Pablo, por su parte, sostuvo que su madre “sintió que algo le iba a pasar” y dejó todo en orden, sugiriendo que la activista mapuche había tenido un presentimiento fatal.
Pero aquella narrativa, teñida de racionalizaciones y cierta dosis de sentimentalismo político, se vino abajo esta madrugada, cuando Carabineros, junto a la Fiscalía Regional de Los Ríos, detuvo a Javier, Pablo, Jeannette Troncoso Chuñil y el exyerno Flavio Bastías Bastidas, acusados de estar involucrados en la muerte de Julia Chuñil, ocurrida el 8 de noviembre de 2024.
Las órdenes de detención, ejecutadas en simultáneo en Máfil y Temuco, responden a una investigación que ya contempla formalizaciones por parricidio, homicidio calificado y robo con violencia contra un adulto mayor.
La contradicción entre las antiguas declaraciones de los hijos y el peso de los nuevos antecedentes que maneja la Fiscalía —incluyendo informes periciales que detectan sangre de la víctima en elementos relacionados con la escena, según versiones de medios y análisis técnicos previos— ha generado un profundo rechazo y también escepticismo en la opinión pública.
Algunos sectores han celebrado que se avance en la esclarecimiento; otros, sin embargo, han cuestionado la lentitud de la investigación, la filtración de versiones y la forma en que se abordó el caso desde el principio, tanto por los propios familiares como por los medios.











