No alcanzó a cruzar la puerta. Y esa es, probablemente, la única razón por la que hoy no estamos hablando de otra tragedia. Un estudiante de apenas 14 años fue interceptado la mañana de este lunes en Curicó cuando intentaba ingresar a su colegio Polivalente Japón, con un arma de fuego cargada en la mochila, en un episodio que vuelve a tensionar —sin matices— la seguridad en los establecimientos educacionales del país.
El hecho ocurrió en las afueras del Colegio Polivalente Japón, donde el menor portaba un arma con al menos cuatro municiones listas para ser utilizadas. Según los primeros antecedentes, fue contenido antes de entrar al recinto, evitando así un escenario que, en el contexto actual, resulta imposible no asociar con lo ocurrido días atrás en el norte del país.
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Estudiante de 14 años intentó entrar a colegio con arma
Pero lo más inquietante no es solo el arma. Es la edad. Catorce años. Y una decisión que, de haberse concretado, podría haber terminado en una tragedia mayor. La intervención de su madre —quien llegó al lugar y ayudó a contener la situación— aparece como un factor clave en un episodio que deja más preguntas que respuestas.
Carabineros tomó el control del procedimiento y el caso quedó en desarrollo, mientras se intenta esclarecer cómo el menor accedió al arma y cuáles eran sus intenciones reales. Porque aquí no basta con decir que “no pasó nada”. Algo sí pasó: un adolescente estuvo a metros de ingresar armado a un colegio.
Y el contexto no ayuda. Lo de Curicó no ocurre en el vacío. Se instala apenas días después de la masacre en Calama, donde un estudiante sí logró entrar armado y desató un ataque mortal. La diferencia, esta vez, fue cuestión de segundos. O de intervención. O de suerte. Y esa es precisamente la señal más alarmante: la seguridad escolar en Chile parece depender más del azar que de un sistema que realmente funcione.















